En tiempo de Navidad

Por José Atuesta Mindiola.

En época de Navidad, los cristianos pacifistas nos sentimos más cerca de Dios y valoramos la importancia de la sana convivencia y la solidaridad. El corazón celebra la vida y los aconteceres festivos, pero se arruga de tristeza con la luctuosa partida de familiares y amigos por la inefable travesía de los mortales.

Aún es fresca la cicatriz que enluta mi corazón por la partida de mi hermana mayor, la profesora Sara Inés, y de tres grandes amigos: El maestro de literatura César López Serrano, el periodista William Rosado Rincones y el escritor Julio César Espinosa.

El tiempo con sus pinceles de luces y de sombras resalta las acciones que dignifican la condición humana y alimentan las bondades del espíritu. Entre las bondades de espíritu está la gratitud, esa manifestación natural de agradecimiento a Dios, a la vida, a la familia, al trabajo y las personas que nos brindan apoyo.

La gratitud vence la egolatría, porque nos permite reconocer las obras de los otros y admitir que necesitamos de los demás. Las personas agradecidas son más felices, se sienten menos deprimidas, menos estresadas y más satisfechas con sus vidas y sus relaciones sociales.

Con las luces y las brisas de diciembre alternan las fiestas con los cánticos de Navidad y nos preparamos para esperar la calidez de los abrazos en la alborada del año nuevo. Ofrendo estas alabanzas por la vida de todos mis lectores y, en especial, los jóvenes estudiantes:

Defiende y ama la naturaleza, siembra una palmera que haga sonreír el viento en el patio de tu casa o una calaguala que pinte de verde los faroles en tu ventana. Ahí llegarán los pájaros a bendecir con su canto los jardines de la memoria.

Vive y disfruta el tiempo, dedícate a construir la transparencia generosa de tus días: estudia, piensa, lee y escribe. Si sueñas con ser músico, pintor o poeta…, busca a un maestro que te ayude a develar ciertas claves para cualificar tu talento, y recuerda a Pablo Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

Esfuérzate por alcanzar tus metas. El facilismo deshumaniza los proyectos, entorpece la creatividad y la inteligencia. Nadie festeja la llegada a la meta si no ha dedicado esfuerzos para merecer la victoria. Nada es inalcanzable a la inteligencia humana.

Armoniza la alianza entre la emoción y la razón. Valora la importancia del arte, de la fiesta, de la risa y el humor, sé ponderado en el consumo de alimentos y practica una disciplina deportiva.

Que la sensatez brille en tus actuaciones, fortalezca tu personalidad y la aceptación de ti mismo. Ponte una coraza insobornable para no dejarte influenciar por las tentaciones del dinero fácil, la mentira, la trampa, el libertinaje y la irracionalidad del fanatismo.

Cultiva siempre el amor, no guardes secretos vanos ni repitas los errores porque marchitas las flores de tu jardín interior. Celebremos la llegada del año dos mil veintidós, con la presencia de Dios y la esperanza iluminada.

La vida siempre es sagrada, y es precepto divino que la fe del peregrino sea la música del alma y el viento silbe en la palma bendiciendo los caminos.

Como epílogo, este breve poema, parábola de ternura y de perdón, ‘El colibrí y la rosa’:

El colibrí no se detiene
en el ojo de la espina.
Nunca abre sus alas
a la piedra escondida del relámpago.
Su pico no afila
el oscuro metal de la venganza.

Siempre regresa con los colores
de su canto a los labios de la rosa.

♦♦♦

BLOG DEL AUTOR:  José Atuesta Mindiola

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