Un modelo de protección por el río. 

Por José Atuesta Mindiol

La semana anterior llegaron unos amigos de Montería y los llevé a conocer al Guatapurí. El río de los amores de Valledupar, que brota de la Sierra-Madre, y en su recorrido se van sumando arroyos que lo convierten en el río grande que lleva en su cauce un perfume de granizos y la magia de los carrizos con su leyenda ancestral.

En Montería tienen y aman el río Sinú, saben que su corriente es frescura, catarsis, vitalidad y recreación.  Ellos deseaban caminar descalzos sobre la arena y percibir la aguas mágicas y heladas del Guatapurí; pero quedaron algo desencantados, porque hay muchos vendedores que con carpas y enseres impiden a los visitantes disfrutar de la agradable sensación de caminar por sus orillas y zambullirse libremente en la corriente.  

En Valledupar se ha perdido la cultura del amor y protección del río.  Existe un afán destructor:  talan árboles en las riberas, destruyen los barrancos, arrojan basuras y ubican mesas y sillas sobre el agua. La tranquilidad deseada para escuchar la música del río y la sinfonía de los pájaros es imposible por la estridencia del volumen babélico de los equipos de sonido.

En Valledupar tenemos que aprender de Montería. La administración Municipal y Corposinú hicieron un ecoparque en la ribera del río Sinú, una obra de dimensiones incalculables que produce fascinación al contemplar hasta tres kilómetros de bosque. Es un modelo de recreación familiar, protección del río y de respeto por la flora y la fauna. Un escenario perfecto de armonía natural, limpieza y atractivo para los visitantes. 

Las iguanas se suben por los pies de las personas, los micos y los pájaros se pasean felices sin el temor de que alguien va a lanzarles piedras. Existe un espacio abierto donde a ciertas horas se presentan actos culturales y ejercicios recreativos; los vendedores están organizados en quioscos, no venden bebidas alcohólicas, y los agentes de seguridad brindan confianza.

Sueño que, en un tiempo no muy lejano, en el río Guatapurí logremos disfrutar algo similar; que los pájaros tengan frondosa vegetación para regalarle al viento los colores de su canto; que los niños, al lado de sus padres, disfruten la música del río, y los adultos se regodeen en las aguas, sin tomar licor; que nadie se lance ebrio desafiando el peligro de la creciente. Y que sea un lugar de encuentro y recreación familiar, enalteciendo los valores de la cultura ciudadana y ecológica.

Hay unas ventas de comidas, artesanías y bebidas a distancia prudente de la corriente; pero es necesario que la administración Municipal se reúna con el gremio de vendedores para reglamentar un orden: que la ubicación de algunas carpas y mesas no impidan a los visitantes caminar por las orillas del río. El sitio frente al monumento de la Sirena debe estar libre de vendedores, porque es una zona de aguas tranquilas y amplia para nadar, y, además, es el lugar preferido para las fotos de los turistas. 

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BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiol

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