Canción de Dios / Canto del Bienaventurado
Por Donaldo Mendoza
“Este poema sagrado es admirado mundialmente
por su cuidadoso estilo, la profundidad y belleza lírica
de sus imágenes poéticas, y por el valor expresivo de
sus postulados”. «Los 333 libros más famosos».
Por su forma y contenido, esta obra es clasificada como un “poema místico-filosófico”. Llega hasta nosotros en dieciocho capítulos y setecientos versos. Data del siglo XV o XVI a. J. C. Para los hindúes representa tanta grandeza como la Torá para los judíos o el Nuevo Testamento para los cristianos. «Sean para ti autoridad las Sagradas Escrituras», reza una línea. Krishna, el Bienaventurado, se presenta con un discurso que el lector bien puede cotejar con otros textos sagrados: «Soy el mismo para todos los seres; ni tengo enemigos ni amigos; pero los que me adoran con devoción están en mí y yo estoy en ellos» …
La fe, tan cara a los cristianos, tiene en esta Escritura una relevancia no menor: «El que está dotado de fe es de la misma naturaleza del ser a quien se tiene fe». Y asimismo la promesa de salvación para los más cercanos a la perfección: portadores de bondad suprema, vida virtuosa y mística. «Dirige a mí tu corazón, fija en mí tu pensamiento, que sin duda alguna habitarás en mí allá en lo alto, después de este mundo». El camino de la salvación está supeditado al deber y a la lucidez con que se practique la virtud y el amor a Dios.
Y a propósito de las manifiestas analogías entre textos sagrados de geografías distintas, también en el discurso de Bhagavad-Gita nos hallamos con Krishna, como una ‘encarnación’ (‘Dios hecho hombre’) de Vishnú, el rey de los dioses, el creador. Igual que Jesucristo (injuriado y crucificado por el clero judío y los saduceos, lacayos de Roma), “también a mí –dice Krishna– me desprecian los necios que desconocen mi suprema existencia…”. En esta sacra escritura se revela un crecimiento espiritual, que bien puede abrirse, sin prejuicios, hacia otras latitudes; y nos pondría de cara a una ética universal que se anime a dialogar con la libertad, la paz, la verdad, la justicia…
… Y un nuevo ser, con capacidad plena para discernir entre la virtud (la bondad) y el vicio (el pecado), en camino hacia una sana y humana convivencia. Y Bhagavad-Gita describe virtudes que lo hacen posible; aquí algunas: estudio, caridad, templanza, rectitud, veracidad, benignidad, tranquilidad, compasión, modestia, paciencia, constancia, ausencia de odio… Y en el sentido opuesto, los vicios, que enajenan el camino de la vida: codicia, engaño, arrogancia, soberbia, cólera, mordacidad e ignorancia.
Krishna sella el diálogo con su interlocutor, el guerrero Arjuna, con esta merced: “Complacido de ti, oh Arjuna, te he manifestado mi suprema forma, resplandeciente, universal, infinita y primordial, excepto tú, nadie la ha visto”. Jesucristo lo adornó con una finura de ironía: “El que tiene oídos para oír, que oiga”.
Fuente: ANÓNIMO, Poema de Gilgamesh / Bhagavad-Gita, Biblioteca personal J. L. Borges, N° 6)
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*Donaldo Mendoza Meneses es un destacado docente, columnista y gestor cultural colombiano, reconocido principalmente por su labor intelectual en los departamentos del Cesar y el Cauca. Es natural de Agustín Codazzi, Cesar. Debido a su larga permanencia y aportes en la ciudad de Popayán, es considerado un «prócer cesarense en el Cauca». Se graduó como bachiller en el Colegio Nacional Agustín Codazzi (1974) y posteriormente obtuvo el título de Magíster en Educación y Filosofía Latinoamericana, U. Sto. Tomás de Aquino. Es un prolífico columnista. Ha colaborado con medios como El Espectador, El Liberal (Popayán), Proclama del Cauca, El Pilón y El Portal Vallenato.Se le reconoce por su agudeza crítica y su capacidad para analizar la realidad social y literaria de Colombia.
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