MI CRÓNICA SABATINA

Por José Jaime Daza Hinojosa*
Valledupar, 5 de noviembre del 2026

Homenajeando hoy: “AL PRIMER CAJERO DE DIOMEDES DÍAZ”. Un juntero curazaleño: cantante, cajero, parrandero, alegre, bullanguero, extrovertido, arreglista, tratable… Ah, y su primera caja fue un simple pote en sus inicios. En el año 1979 sacó un trabajo discográfico al lado de Emilio Oviedo, y en él resonaron temas de tres insignes junteros: Diomedes Díaz, Martín Maestre y Luis Segundo Sarmiento. Es un ser humano noble, buen amigo y, sobre todo, desinteresado; su corazón jamás ha guardado ambiciones ni soberbias, destacándose siempre por sus calidades humanas excepcionales.

Ricaute José Martínez Lago: ‘Kate Martínez’

En el emblemático corregimiento de Curazao, pegado a La Junta (La Guajira), poblaciones hermanas divididas apenas por el río Santo Tomás —cuya distancia es escasa, de unos 500 metros o quizás menos, y en tiempo apenas tres minutos—, nació Kate, un muchacho sano al que desde muy niño le apasionó la música y, en especial, los instrumentos de percusión: la caja, la guacharaca y la tumbadora. Abrió los ojos por primera vez un 15 de junio de 1954.

Recuerda Kate que, desde la edad de 8 años, se sentaba al frente de la escuela de su pueblo natal junto a su amigo de infancia Ulises Mendoza —quien tocaba la guacharaca, mientras él lo acompañaba en la caja—, utilizando por entonces un pote de lata o hasta una bacinilla como improvisado reemplazo del instrumento.

Los padres de Kate Martínez son Casimiro Manuel Lago Gutiérrez —el autor de aquella canción que grabaron Diomedes y Elberto López titulada “La mujer es parte débil”— y Yesenia Isabel Martínez Vega. Sus hermanos son Emiro Manuel, Carmen Rosa, Ana Ideth, Emis Isabel, Elver José, Irene, Maida Luz, Antonio (el popular ‘Juancho Polo’), Aracelis, Aleida Ramona, Alidis Patricia y Carlos Augusto Lago Martínez.

Sus Inicios como Cajero

Comenzó de manera autodidacta desde los 8 años tocando potes y baldes, hasta ejecutar la caja en un conjunto formal al lado de Rafita Maestre, un carrizalero que tocaba el acordeón. Luego hizo llave con Elías Mendoza Martínez, de La Peña; con él tocaba todos los fines de semana y, además de la caja, se animaba también a cantar.

Más adelante aparecen en la palestra Martín Maestre y Diomedes Díaz. Por entonces, Bolívar Urrutia los acompañaba en la caja —quien tampoco tenía el instrumento original y se valía de una caneca o de un asiento—. Al convocar a Kate, conformaron el conjunto con el respaldo del médico del pueblo, Leandrito, Manuel Bolívar Daza y varios amigos más. Todos los sábados parrandeaban sin descanso, ya fuera en Carrizal, en La Junta o en Curazao.

La Agrupación ‘Los J.J.’

Nos comenta Alfredo López que en La Junta se conformó un conjunto integrado por un músico al que todos llamaban Nando el Viejo. Él y Martín Maestre eran los acordeoneros de la agrupación; Luis Alfredo Sierra (“El hombre que sopla las F-100”), el cantante; José Alberto Mendoza (‘Piyayo’), en la guacharaca, y el gran Kate Martínez en la caja. Diomedes se iniciaba como compositor y cantante en aquella época, ganándose con esfuerzo sus primeros aplausos.

En una ocasión, mientras parrandeaban con ellos, Alfredo López sugirió que el conjunto debía tener un nombre y propuso el de “Los J.J.” (Juventud Juntera). De manera recurrente, Luis Gabriel Gutiérrez, Carlos Arturo y Alvarito Araujo, Manuel Bolívar, Laudelino Daza, Alfonso Hinojosa, Ovidio Ramírez, Bolívar Cuello y el propio Alfredo López integraban aquella peña sabatina que acompañaba siempre a los J.J.

Kate nos aclara que en sus inicios tocó la caja y cantó con casi todos los conjuntos que existieron en La Junta: a veces con Nando el Viejo, con Gustavo Sierra (‘Gustavito’) y también con Martín Maestre. Recuerda que la agrupación que formó con Martín, Diomedes y Piyayo participó en los primeros años del Festival de la Leyenda Vallenata en la categoría de aficionados. Por aquel entonces, los concursos se realizaban donde hoy se ubica el estadio de fútbol Armando Maestre Pavajeau en Valledupar.

Cuando Diomedes emigró a Valledupar en busca de nuevos horizontes —que supo encontrar con creces—, Martín, Piyayo y Kate se consolidaron como el conjunto base de La Junta. Semanalmente amenizaban parrandas para Luis Manuel Hinojosa, Luis Gabriel Gutiérrez, Julito y Albertico Daza, y también para un grupo de junteros que laboraba en la finca Las Mercedes y luego en Patuca (Magdalena), conformado por Bolívar Cuello, Hermes Daza y sus amigos Bernardo y Harvey.

En familia

Familia y Amigos

Kate conformó un hogar sólido al lado de Armida María Gutiérrez de Martínez, con quien tiene 6 hijos: Jorge Eliécer, Rosa Iveth y Yoris Yai (mellizas), Luz Karime y Katia Marcela Martínez Gutiérrez, además de su nieta María Elena Arrieta Martínez.

De su círculo de entrañables amigos, hoy solo sobrevive uno: Marciano Martínez Acosta. Los otros cuatro —José María Cataño, Diomedes Díaz, Martín Maestre y José Alberto Mendoza (‘Piyayo’)— ya partieron de este mundo, dejándole profundos recuerdos que atesora con cariño y estimación.

Su Unión con Emilio Oviedo

Hace muchos años, Martín Maestre, Kate y un muchacho de Valledupar llamado Hugo Guerra (cajero) iban rumbo al Festival de Los Laureles, que se celebra en Distracción (La Guajira), dispuestos a participar en la categoría de aficionados. En esa ocasión —recuerda Kate— le tocó tocar la guacharaca y cantar.

Ese mismo día se encontraron con William Fuentes, quien requería los servicios de Kate para una parranda con Chijo López. En dicha reunión se encontraban Beto Rada y Rodolfo Castilla. Como faltaba un cantante, William le propuso: “Kate, entréguele la caja a Rodo; usted hoy va a cantar”.

A Beto Rada le gustó tanto el timbre de voz de Kate que le propuso grabar. En la parranda celebrada en el kiosco de Joseito Parodi, en San Juan del Cesar, también estaba Sergio Moya Molina, y de pronto llegó el comandante Emilio Oviedo con una grabadora marca Silver. Ahí mismo se grabaron dos canciones interpretadas por Kate con el acordeón de Rada.

A las dos semanas de aquel acontecimiento, Diomedes Díaz —quien ya comenzaba a saborear el triunfo al lado de ‘Colacho’ Mendoza— se presentó junto con el comandante Emilio Oviedo en Curazao. “Kate”, le dijo El Cacique, “Oviedo quiere grabar contigo; cuenten con mi apoyo”. Y así fue: hasta un anticipo le consiguieron a Kate para prepararse; recogieron los temas, viajaron a Medellín y grabaron un álbum que cautivó al público bajo el título de “El Vencedor”, lanzado en el año 1979.

La Historia de “El melón está en la flor”

Nos narra Kate que esa canción la tenía el comandante Emilio Oviedo en su grabadora; se la había escuchado a Nafer Durán, pero solo como pieza instrumental, con apenas un coro y unos arreglos magníficos, por lo que quería grabarla, y así lo hicieron, inicialmente sin letra.

Estando en los estudios de grabación de Codiscos en Medellín, llegaron Juan Piña y su hermano Carlos argumentando que la obra pertenecía a su padre; para evitar complicaciones legales y comerciales, el tema terminó saliendo a nombre de Nafer Durán y Juan Piña. Años más tarde, Pellito y el ‘Negrito’ Osorio la grabarían añadiéndole letra.

Testimonio y Anécdota

Contactamos a Alfredo Guerra, compadre y oriundo de Sacramento, para que nos compartiera su perspectiva sobre nuestro invitado:

“A Kate Martínez lo describo como un excelente ser humano, buen hijo, padre ejemplar, excelente hermano y amigo de sus amigos. Lo aprecio tanto que lo escogí como padrino de uno de mis hijos, y muy pronto saldrán al ruedo dos canciones de mi autoría cantadas por él. Lo considero un cantante melodioso, un cajero extraordinario, arreglista, trabajador, servicial y muy honesto”.

Una anécdota jocosa:

Cuenta Fello Guerra que algo divertido sucedió entre su compadre Kate y su ahijado. Su familia lleva muchos años radicada en Bogotá, al punto de que todos sus hijos nacieron en la capital. En una ocasión, aprovechando las festividades de fin de año, visitaron La Junta y su hijo fue a visitar a su padrino. Como buen muchacho, iba ilusionado en busca de su aguinaldo, pero la situación resultó al revés. Al llegar a la casa, Kate le preguntó de entrada:

— Oiga, ahijado, ¿y qué me trajo usted a mí?

A lo que el muchacho respondió con gracia:

— Vea, padrino, ¿y qué le voy a traer yo, si usted es el que tiene que guardarme y regalarme a mí? ¡Pues usted es mi padrino!

Una crónica histórica y de profundas reminiscencias la de esta semana, dedicada a enaltecer la vida y obra de un artista juntero, cantante y cajero profesional que aún conserva intacta su voz melodiosa. Su manera de interpretar el instrumento de la caja sigue siendo alegre, armoniosa, diferente y original; es aquel a quien todos definen como un hombre complaciente, un amigo sincero y alejado de los intereses materiales, colmado siempre de felicidad y entusiasmo.

Compadre Kate, aquí está su crónica redactada con mucho gusto. Como decía El Cacique, los paisanos me la solicitaban y llegó la hora de contarle al mundo su trayectoria musical. Que Dios le regale salud y vida en abundancia para seguir disfrutando de esos valiosos talentos que posee. ¡Un fuerte abrazo!

“El talento te hace sobresalir, pero la calidad humana te hace inolvidable”.

Con valentía, decisión y agrado, compartió y difundió:

Dr. JOSÉ JAIME DAZA HINOJOSA

“El Juntero Futurista”

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*José Jaime Daza Hinojosa («El Juntero Futurista») es cronista, investigador cultural y escritor oriundo de La Junta, San Juan del Cesar (La Guajira). Creador de la aclamada columna semanal Mi Crónica Sabatina, ha dedicado su pluma a la preservación de la memoria histórica, la genealogía, las tradiciones y los personajes del folclor en el Caribe colombiano. Sus escritos se publican habitualmente en diversos medios de comunicación de la región•
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