Por José Atuesta Mindiola *
En esta etapa de pensionado, vivo sin el acoso de los saltos del reloj ni el horario del trabajo; tengo el silencio del tiempo para hablar conmigo y con los recuerdos de las cosas bellas. En el río de la memoria navega la imagen sonora de la voz y la ternura de mi madre, la maestra Juana Mindiola de Atuesta. Recuerdo aquella tarde de mi infancia, caminaba con ella en Mariangola: me detuve a mirar el cielo y en las ventanas del arcoíris descubrí la sonrisa de Dios. Ese instante fue la revelación de la poesía.
Desde entonces la poesía es mi alimento y catarsis espiritual. Vivir es una victoria que Dios nos ha regalado. El ser humano está dotado de talento, esa capacidad para realizar determinadas acciones, como consecuencia de la aptitud o habilidad que se tenga, además del conocimiento y la experiencia. Lo importante es descubrir ese talento, y en eso juega un papel determinante la Escuela. Los padres son los responsables de formar a sus hijos en principios y valores, y en los hábitos del bienestar físico y anímico.
La Escuela tiene entre sus funciones determinar un plan de estudio y propiciar el desarrollo integral de la personalidad de los estudiantes; y asimismo fortalecer el desarrollo de las inteligencias relacionadas con la creatividad y la inteligencia intrapersonal para conocer aspectos profundos de la personalidad. La creatividad (‘crear en ti la vida’), es descubrir que somos seres talentosos, soñadores y creadores que valoramos la vida. Promover la educación artística a temprana edad es formar personas con una sensibilidad que les permita elevar el espíritu, conocer su yo interior, sin dogmas y con amplio criterio. Un amante del arte desarrolla una dimensión superior de la vida, la decencia, la belleza, la ensoñación y el asombro.
La docencia y la poesía son mis dos tesoros espirituales. el 8 de octubre, familiares y amigos me festejaron el cumpleaños, y una amiga periodista habló de un memorable evento literario: “EN 1986, EL INSTITUTO DE CULTURA Y TURISMO DEL CESAR (ICTC), CUYA DIRECTORA ERA CONSUELO ARAÚJO NOGUERA, REALIZÓ EL PRIMER CONCURSO DE CUENTO Y POESÍA EN EL CESAR, LOS GANADORES FUERON MARY DAZA, EN CUENTO, Y JOSE ATUESTA, EN POESÍA”.
PARA RECORDAR EL CONCURSO DE HACE 40 AÑOS, ESTE ES UNO DE LOS POEMAS GANADORES, LOS CANTOS DE FALENA (dedicado a mi hija).
Falena canta:
A la espuma que nada en su bañera
y se deshace en el cristal de la mirada.
A pastorcita, su oveja de felpa y de satín
que topa con su frente, abraza y le da vida.
A Manuelita, su agraciada muñeca
que parece reír cuando cabalga
en la jirafa de caucho.
Falena canta:
Al suspiro rosado de la cayena enamorada
que coquetea llamando el colibrí.
A los helechos de exquisitas formas
y de verde-verde que se encelan de timidez
cuando las rosas abren sus pétalos.
Falena canta:
A la fuga intermitente del gatico
que juega persiguiendo fantasmas.
A la noche iluminada cuando la luna
le sigue los pasos.
A sus abuelos que la arrullan
en la candorosa mecedora de los años.
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*José Atuesta Mindiola es un ilustre docente, escritor y poeta colombiano nacido en Mariangola, Cesar, cuya vida ha estado dedicada a exaltar la identidad del Caribe colombiano. Reconocido como «El Poeta de la Provincia», su obra fusiona la lírica académica con la narrativa tradicional del vallenato. Ha publicado múltiples libros de versos y crónicas que rescatan la memoria histórica de su región y sus juglares. Como columnista y pedagogo, ha sido un incansable promotor de la lectura y el folclor en las nuevas generaciones. Su pluma se caracteriza por una sensibilidad profunda hacia el paisaje, las costumbres y la herencia oral de los pueblos del Cesar. Es, sin duda, un referente imprescindible del patrimonio literario y cultural de Valledupar.
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