Andrés Beleño canta cuando escucha sus canciones

Crónica

El verseador y compositor nacido en Chiriguaná, Cesar, casi no habla, sus días son llenos de silencio y la alegría se le alejó desde hace algún tiempo-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

En Andrés Emilio Beleño Paba, Primer Rey de la Piqueria en el año 1979, ya se refleja el paso inexorable de los años. De igual manera, lo acompaña la quietud unida a esos silencios prolongados que nunca le pertenecieron, porque siempre fue dueño de las máximas alegrías y las palabras precisas a la hora de versear.

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Andrés Emilio extraña las caricias maternales de su querida vieja Olga del Socorro

Crónica

-Una historia triste de principio a fin teniendo el dolor y la añoranza a cuestas de un ser que lo es todo en la vida-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

A sus 88 años, Olga del Socorro Paba Acosta, la mujer que trajo al mundo a Andrés Emilio Beleño Paba estaba sufriendo, y Dios decidió llamarla a su santo reino. El dolor arropó a toda la familia, pero al hijo, al compositor y verseador no se le ha dicho nada. Él, no pudo llorarla, y menos acompañarla hasta su última morada.
La vida para “El hijo querido de Chiriguaná”, como le gusta que le digan, transcurre entre silencios prolongados, voces que le hablan, y él, solamente sonríe porque casi no puede hilvanar palabras. Atrás quedaron sus jocosidades, sus versos limpios y sus canciones costumbristas.
Una isquemia cerebral lo afectó hace tres años cuando se mantenía verseando a cada rato y con varias canciones sonando y otras haciendo cola en su cabeza. Nunca estaba quieto, pero esa forma de vida cambió del cielo a la tierra.
Viéndolo en esas condiciones, su mamá lo visitaba frecuentemente, y entre abrazos y palabras lindas lo pechichaba, le daba fortaleza y se lo encomendaba al Dios Todopoderoso.
Él, ya no la levantaba a versos cada vez que la veía, para que ella, a su manera y con su gracia natural también le respondiera, provocando risas entre los presentes.

Pregunta por su vieja

El primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1979, al notar que su mamá no ha ido a visitarlo pregunta por ella, poniéndose las manos en el corazón y abriendo bien los ojos, como buscándola en el espacio. Le dicen que ella está bien y el artista se calma.
Cuando Andrés hablaba de ella decía que fue una ama de casa entregada a los quehaceres, luchadora de una vida difícil al lado de su padre, Francisco Nicanor Beleño Rojas, entre los playones de esa región ubicada en el centro del Cesar.
Solía expresar que era el hijo mayor de una prole de 20 en total, y además el consentido, porque estaba de primero en la larga fila. También contaba que estudió hasta tercero de bachillerato porque no era bueno para el estudio, debido a que tenía entre pecho y espalda el trabajo, tal como lo aprendió desde pequeño.
De esa manera, Andrés Emilio se la pasaba arriando agua, buscando leña y metiendo las vacas y los terneros al corral. Con eso contribuía con la numerosa familia que le correspondió, y que siempre vivió unida.
En esos detalles de la vida, a Beleño lo sorprendieron el 12 de diciembre de 2017 en la institución educativa ‘Milciades Cantillo Costa’ de Valledupar, donde le otorgaron el título de Bachiller Académico Honoris Causa, algo que lo hizo sentir feliz porque volvió a recordar aquellos tiempos donde el trabajo le ganó la partida al estudio.
Ese día aseveró que era como ganarse la lotería, y que iba a pagar con versos, una especie de cheque en blanco con su firma musical.
Esa historia, de igual manera se remonta a miles de versos y una apreciable cantidad de canciones grabadas por importantes artistas. Incluso, los Reyes Vallenatos Navín José López Araújo, Juan David ‘El Pollito’ Herrera Pimentel, Cristian Camilo Peña Redondo y los hermanos Ciro y Álvaro Meza Reales, se coronaron interpretando sus puyas.
En ese baúl folclórico están las canciones ‘Los parecidos’, ‘Lo vi corriendo’, ‘Me peino con la lengua’, ‘Vaya pa’ trás’, ‘Soy maestro’, ‘Pico y espuela’, ‘El contendor’ y ‘El combate’, entre muchas otras.

Recuerdos imborrables

Por todos los rincones de su casa, ubicada en la diagonal 19ª, número 20-63, en el barrio Los Caciques de Valledupar, hay recuerdos de sus hazañas folclóricas logradas a punta de versos y originalidad en todo el país. Las mismas que lo pusieron en el más alto pedestal.
En esa misma casa sus agradecidos padres le celebraron felices sus 71 años. Todo sucedió la tarde del sábado 30 de noviembre de 2019, cuando Doña Olga escuchó la grabación de bellos versos que su hijo le había dedicado en diversas ocasiones.

Con sentimiento profundo
a Dios gracias voy a darle,
por haberme da’o la madre
más buena y noble del mundo.

Es la luna, es una estrella
que solo brillo me dá,
no hay como mi mamá
y yo vivo orgulloso de ella.

Andrés Beleño con sus padres en la celebración de su cumpleaños hace 10 meses

Ella, al escuchar esos bellos versos no dijo nada. Solamente lo abrazó y le dio un beso en la frente a ese hijo que la graduó con el título de mamá, que supo brindarle cientos de alegrías cantadas y hacerle sus días más agradables. Claro, porque la madre es una estrella fugaz que pasa por la vida una sola vez, y él supo amarla, porque cuando su luz se apagara no la volvería a ver más.
Andrés Emilio sigue en su interior añorando a la autora de sus días, a quien le regaló una bella canción titulada ‘No hay como la mamá de uno’.

Cuando el hijo está llorando le duele, es a la mamá,
cuando el hijo tiene hambre le duele, es a la mamá.
Ella no lo puede dejar, si es el hijo de sus amores,
puede tener un mundo de errores, pero no para la mamá.
No hay como la mamá de uno, no hay como la mamá de uno.

Nadie quiere decirle sobre la muerte de su mamá porque sería como desprenderle el alma a pedazos, ponerle a palpitar el corazón en medio de un aguacero de dolor donde las palabras no tendrían ningún sentido.
Su mirada se pierde en el infinito, ya no es el mismo Andrés Beleño de otrora. Solamente tiene a su favor las ganas de superar esta etapa que lo ha marginado de todo. Como no recordarlo con su peculiar baile, con sus camisas floreadas soltando versos e interpretando canciones con su jocosidad natural, con ese estilo ‘Abeleñado’ que era alabado por sus seguidores y amigos.
El esposo de Nelsy del Carmen Mendoza Manjarrés, padre de Andrés ‘El Neno’, José Francisco, María Angélica, Andresito, Olga y Julio, se mantiene pensativo en la sala de su casa buscando en su memoria la razón de su vida y los episodios vividos en el folclor.
Algunas veces se le nota triste, de un momento a otro abre y cierra los ojos, entonces hay un escape que se hace notorio en su rostro, y es cuando en el equipo de sonido irrumpe alguna de sus canciones.
Las horas pasan y el autor de ‘La campana’, ‘La batea’, ‘El gorrero’, ‘La mamá de uno’, ‘Convencida’, ‘Que se vaya’, ‘El flaco lleva’o’, ‘Me huele’ y ‘La hora loca’, entre otras, está en las manos de Dios que todo lo puede.
Durante las últimas horas de vida de doña Olga, la vieja consentida de Andrés Emilio, le dijo a su nuera Nelsy: “Gracias por amar tanto a mi hijo, y así mismo te amo yo”…
Como en una historia de profundo dolor las lágrimas bañaron el rostro de Olga del Socorro, y así partió a la eternidad al encuentro con el Creador.

Andrés Emilio Beleño, Bachiller Académico Honoris Causa del Colegio Milciades Cantillo Costa de Valledupar

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

La historia de un rey que volvió a ser niño

Hace un año, Andrés Beleño, rey vitalicio de la piqueria, sufrió una isquemia que borró la información de gran parte de su cerebro, como las facultades para hablar y tejer su discurso y la prodigiosidad de su memoria, tan propias de su repentismo. Ahora, con terapias y el amor de los suyos, avanza en el proceso de reaprender y reescribir partes de su vida.

Siete décadas de versos y jovialidad, ingenio y gracejo, destreza rítmica y consolidación constante de su dignidad de rey se durmieron un día de abril en que su flujo sanguíneo extravió el camino y no llegó a su cerebro, morada de células que entonces fueron privadas de oxígeno y nutrientes esenciales para vivir, por lo que muchas murieron llevándose con ellas gran parte de las habilidades verbales, mentales y motrices del monarca. Un mal chiste para alguien como él, que se ha pasado la vida componiendo, cantando, bailando, viajando y ejerciendo el don sagrado de la palabra que le fue dado.

Un año antes, (abril de 2017) él – Andrés Emilio Beleño Paba – estaba en una tarima protagonizando una disputa de versos para ascender a la categoría de rey de reyes del Festival de la Leyenda Vallenata; aunque el puntaje no le alcanzó para llegar a la meta, sus improvisaciones cantadas ratificaron su esencia real y, sobre todo, refrendaron el sitial que solo él ocupa en ese certamen: rey vitalicio de la piqueria. Fue en abril, hace cuarenta años, que fue coronado como primer rey de la piqueria del Festival, que para ese año alcanzaba su versión número 12 y estrenaba este concurso.

Andrés Beleño, rey vitalicio de la piqueria, vive días de reposo, en el calor de su hogar, recibiendo el afecto de su esposa e hijos, reaprendiendo a habLar y reconstruyendo paso a paso su esencia artística, con los fragmentos de recuerdos que le va suministrando su memoria. Foto: Mariaruth Mosquera


La vida del rey cambió, ahora asiste a terapias con las que médicos y familiares intentan ayudarlo a reescribir esa parte de la memoria que le fue borrada, producto de la isquemia cerebral que en abril de 2018 lo llevó a los linderos de la muerte, afectando su sistema neurobiológico y en consecuencia dificultando sus procesos cognitivos, como el lenguaje.

Es como un niño que no logra aún el pleno desarrollo comunicativo-lingüístico, por lo que su interacción social es limitada; cuando van a visitarlo sus amigos, cada vez en un flujo más mermado, tienen dificultades para entender su discurso y es menester que Nelsy Mendoza, su eterna compañera y enfermera de cabecera, cumpla la función de traductora de su esposo. Entonces él dice a través de ella, que la mano derecha fue la afectada, pero tiene menos movimiento en la izquierda porque dicen los médicos que estos accidentes suelen ser ‘cruzados’: si tienen su origen en un lado, recibe la mayor afectación en el otro.

“A él le dio una isquemia y fue grande la parte del cerebro afectada, pero gracias a Dios, todos los médicos que lo ven se quedan sorprendidos de que él quedó con movimiento, porque normalmente las personas quedan paralizadas. Al comienzo tenía menos movilidad, pero sí iba al baño, se cepillaba los dientes y comía solo, despacio pero lo hacía”, cuenta Nelsy.

Terapia del lenguaje, en la que le refuerzan el ejercicio de tejer las palabras verbalmente y le muestran letras para que las identifique y pueda construirlas en la escritura; terapia física para darle fluidez a su parte motriz, para optimizar su movilidad; terapia ocupacional que tiene como meta traer al presente los recuerdos que duermen en el fondo de su memoria; “lo ponen la música de él, a recordar y a cantar y hacer cosas que le devuelvan la memoria”, explica su esposa.

Es aquí donde entra en escena el arte y su fuerza curativa, pues cuando familiares y amigos le tararean fragmentos de sus canciones, Beleño encuentra el resto en su memoria y las canta, con la mágica y maravillosa característica que estas las logra expresar claramente, incluso la música, su música, le infunde bríos a sus músculos y puede bailar un poco, al tiempo que canta: “Mamá… ¿usted sabe, donde esta María? venga pa que la vea tiene la fiesta prendía meneando la batea bailando con grosería y haciendo cositas feas Venga pa que la vea”.

La evocación de sus cantos, el ejercicio de su pasión artística, transforma a este compositor y le va trayendo uno tras otro fragmentos de sus canciones. Además de ‘La batea’, grabada por Jorge Oñate, entona ‘El gorrero’ que le grabó El Mono Zabaleta; ‘Que se vaya’, grabada por Churo Díaz; le arranca risas entonas una que hicieron éxito Poncho Zuleta y ‘El Cocha’ Molina, dedicada a una mujer que “quiere vivir como la campana: tan, tan, tan, tan, tan”, y hasta una canción grabada hace 30 años llega a participar de la convocatoria de recuerdos musicales.

Todas estas son manifestaciones de mejoría, dice su compañera, pues al comienzo fue muy difícil: “A él se le olvidaban más las cosas. A veces llegaba alguien y lo saludaba y conversaba bien con él, pero cuando se iba me preguntaba quién era”. Así es, la isquemia le borró cosas, prácticas, conocimientos, personas y muchas cotidianidades, pero mediante la voluntad, la fuerza, las terapias y un profundo afecto familiar, este rey está cumpliendo con éxito su proceso de reconstrucción de memoria.

“Yo tampoco me he quedado solamente con el tratamiento del médico y del especialistas sino que también le he dado medicina natural y una proteína que he sentido el avance bastante, gracias a Dios”, explica su compañera fiel y resalta que la mejor terapia es el cariño: “el amor; y esa sí que no le falta. Ninguna terapia funciona como esa: el cariño”.

Estos han sido tiempos sin poder cantar sus cantos ni bailar sus bailes. “Ya no tengo memoria, ya no recuerdo bien las cosas”, dice el rey; pero sí ha sido un año de reposo, de compartir en familia los momentos que la condición un tanto nómada de la vida artística le impidió por muchos años, de recibir la visita de los amigos y de sus hijos que siempre lo tienen encabezando la lista de sus prioridades. “Ya él hizo lo que hizo y lo importante es que lo tenemos aquí con nosotros dándole afecto. Yo estoy muy agradecida con Dios porque he visto su gloria”, expresa Nelsy.

UN LEGADO EN EL VERSO

En su casa reposan muchos de los más de cien trofeos que Andrés Beleño ha obtenido, gracias a su destreza en la creación espontanea de versos. De igual manera, hay diplomas, notas de estilo y reconocimientos que le han hecho en festivales y otros eventos folclóricos, para destacar que él es autoridad en la piqueria, tal como lo reconoció la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata al elevarlo a la distinción de rey vitalicio, que le da una connotación perpetua a su título de rey. La suya ha sido una escuela seguida por decenas de verseadores que se inventan bailes en tarima y hasta intentan imprimirle a su estilo repentista la picaresca que él impuso a lo largo de estas cuatro décadas de triunfos.

Pero no solamente es su arte para la creación de versos, sino el extenso legado de canciones, sobretodo de puyas, que año tras año reviven y ayudan a ganar a concursantes del Festival de la Leyenda Vallenata; puyas como ‘El contendor’, ‘El combate’, ‘Me peino con la lengua’, ‘Vaya pa’ atrás’, Los parecidos’, ‘Pico y espuela’, ‘Lo vi corriendo’ y ‘Soy maestro’, son interpretadas por acordeoneros que buscan la corona de reyes.

Y ni qué decir de su particular manera de vestir, al punto que se habla del ‘estilo abeleñado’, que no es otra cosa que el uso de camisas con estampados coloridos y poco comunes. “El tema permanente de la forma de vestir de Beleño hizo carrera; por ejemplo si a mí me veían llegar con esta camisa, me preguntaban ¿y donde compraste esa camina abeleñada? Yo creo que él en algún momento de su vida se dio cuenta que eso lo favorecía, que la gente estaba pendiente en los festivales y esperaban a ver cómo llegaba vestido”, dice el periodista Richard Leguízamo Peñate, jurado permanente de festivales del país.

Ha sido un estilo que su esposa intentó contrarrestar –sin éxitoalguna vez: “Yo como no era muy gustosa, le cambié las camisas, le iba sacando una de esas floriadas y se la reemplazaba por una seria; las recogí y las mandé para el pueblo de él (Chiriguaná); pero él se iba al centro y las compraba, una vez llegó con una que era una gallina con un poco de pollitos; y mi mamá también se las hacía”, narra la mujer que se dio por vencida en ese intento.

Pese a las limitaciones traídas por la convalecencia, a la tarea que hoy tiene de reaprender la vida, Andrés Beleño sigue siendo un hombre alegre y dicharachero, que superó el desconcierto y el insomnio de los primeros meses en este estado, cuando se levantaba a media noche y su esposa lo encontraba sentado en una mecedora de la sala, pensativo y confundido; que permanece alimentado de cariño y del arte que se abre paso en su memoria para hacerlo cantar, para infundirle de a poquito la fuerza a su cuerpo, para recordarle a sus músculos la conexión indisoluble que tienen como la música, para ejercer su baile, tan propio de él.

La última vez que se batió en duelo de versos fue un año antes del accidente cerebrovascular, cuando participó en la versión rey de reyes del Festival de la Leyenda Vallenata y ocupó el tercer puesto. No obstante, hubo viajes permanentes a homenajes o invitaciones especiales que llegan de todo el territorio nacional, donde él sigue siendo rey. “Él tiene la gracia que todo el mundo lo quiere. A mi papá (Carmencito Mendoza) que era músico también, no le gustaba andar con él porque decía: A Beleño hasta los pelaitos lo llaman y se queda hablando con ellos”, cuenta Nelsy.

Quienes lo conocen bien pronostican que él volverá a los escenarios, porque aunque algunas de sus funciones resultaron afectadas, su chispa y fuerza vital permanecen intactas, así como el arte que le hierve por dentro y en medio de las dificultades que hoy presenta su expresión verbal, lo obliga a cantar, a hacerlo bien, y no lo deja olvidarse de que él sigue siendo el rey de la piqueria.

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Hace dos años Andrés Beleño Paba recibió su segundo diploma de bachiller honoris causa, otorgado por el colegio Milciades Cantillo. Ya el Instituto Técnico Upar lo había graduado seis años antes.

BACHILLER HONORIS CAUSA

Andrés Emilio Beleño Paba nació en Chiriguaná, centro del Cesar, el 22 de septiembre de 1948, según su cédula, el 30 de noviembre, según sus cuentas. Fue el primogénito de Francisco Nicanor Beleño Rojas y Olga del Socorro Paba Acosta, quienes completaron con él una veintena de hijos. “Desde pelao me tocó trabajar, y bien duro”, contó hace menos de dos años cuando el colegio Milciades Cantillo le otorgó el diploma de bachiller honoris causa. Dijo entonces que en su natal Chiriguaná fue al colegio pero no alcanzó a graduarse. “Hice hasta tercero de bachillerato, porque siempre me echaban o suspendían del colegio, porque no arriscaba para el estudio. Lo mío era el trabajo, tal y como lo aprendí desde muy pequeño”. No lo logró entonces, pero ahora cuenta con dos diplomas, ya que también el Instituto Técnico Upar lo había graduado como bachiller académico honoris causa en 2001.

POR MARIARUTH MOSQUERA / EL PILÓN



El folclor vallenato anhela el regreso de Andrés Beleño

Crónica |Por  Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

El primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata, Andrés Emilio Beleño Paba, no habla. La voz parece tenerla escondida en su garganta. Mueve mucho la cabeza, y hace señas con sus manos. Cuando se le recuerdan sus canciones, hace un gran esfuerzo por cantar, pero se queda en el intento. Todo hace indicar que el alegre y dicharachero juglar estuviera de vacaciones, y hasta permite concluir de forma rápida que ‘El viejo Bele’ no es el mismo.

Una isquemia cerebral lo afectó hace casi dos meses, cuando aún se mantenía verseando a cada rato y tenía varias canciones haciendo cola. Nunca estaba quieto, y vivía pendiente de todo. La vida del verseador, cantante y compositor cambió del cielo a la tierra.

Cuando lo visitan sus amigos, Andrés intenta sonreír, pero se queda pensativo, como buscando en su memoria la razón de su vida y los episodios vividos en el folclor. Algunas veces se le nota triste, de un momento a otro abre y cierra los ojos, entonces hay un escape que se hace notorio en su rostro, y es cuando en el equipo de sonido irrumpe alguna de sus canciones. Enseguida se alegra, pone sus manos en la mesa y con golpes de caja va llevando el ritmo.

Por su cerebro se pasean esas canciones con ese picante costumbrista que han sido grandes éxitos en la voz de los mejores cantantes del vallenato. Entre ellas están: ‘La campana’, ‘La batea’, ‘El gorrero’, ‘La  mamá de uno’, ‘Convencida’, ‘Que se vaya’, ‘El flaco lleva’o’, ‘Me huele’ y ‘La hora loca’.

Andrés Emilio Beleño Paba, Bachiller Honoris Causa del Colegio Milciades Cantillo Costa de Valledupar
Andrés Emilio Beleño Paba, Bachiller Honoris Causa del Colegio Milciades Cantillo Costa de Valledupar

Recuerdos imborrables

Por todos los rincones de su casa, ubicada en la diagonal 19A número 20-63, en el barrio Los Caciques de Valledupar, hay recuerdos de sus hazañas folclóricas logradas en todo el país. Las mismas que lo han puesto en el más alto pedestal desde aquel mes de abril del año 1979, cuando se coronó como primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Su aporte al folclor vallenato ha sido enorme a través de sus canciones en aire de puya, entre ellas, las más reconocidas: ‘Los parecidos’, ‘Lo ví corriendo’, ‘Me peino con la lengua’, ‘Vaya pa’ trás’, ‘Soy maestro’, ‘Pico y espuela’, ‘El contendor’ y ‘El combate’.

Con algunas de estas canciones se han coronado como Reyes Vallenatos Navín López, Juan David ‘El Pollito’ Herrera, Cristian Camilo Peña, Ciro y Álvaro Meza, sin incluir los acordeoneros de otras categorías.

A este pedestal de honores se suma la alegría recibida el 12 de diciembre de 2017, cuando la institución educativa ‘Milciades Cantillo Costa’ le otorgó el título de Bachiller Honoris Causa.

En esa ocasión, Andrés Emilio indicó: “Ese título es algo que me enorgullece, porque he sido un campesino y un hombre original de los playones de mi tierra Chiriguaná. Este reconocimiento llega por todo lo que he hecho. No alcancé a graduarme, porque solamente hice hasta tercero de bachillerato. Siempre me echaban o suspendían del colegio, porque no arriscaba para el estudio. Lo mío era el trabajo, tal y como lo aprendí desde muy pequeño”.

‘Beleñito’, como se le conoce en el ámbito artístico, nació el martes 30 de noviembre de 1948; estudió en el colegio San Luis Gonzaga, de Chiriguaná, donde en las horas libres se la pasaba arriando agua, buscando leña y metiendo los terneros, las vacas y los caballos al corral.

El hijo de Francisco Nicanor Beleño Rojas y Olga del Socorro Paba Acosta, ahora camina poco, contrario a sus épocas de excelso andante. Su rutina se reduce a pensar de forma profunda y permanecer bajo el cuidado de su familia.

Su esposa, Nelsy del Carmen Mendoza, manifiesta que “Andrés está siendo sometido a terapias físicas y de lenguaje para lograr su pronta recuperación, cuya esperanza la tenemos puesta en Dios”. También agradeció las visitas y las voces solidarias venidas desde todas partes de Colombia.

Verso para Beleño

El amigo y contrincante en muchos festivales, José Félix Ariza Vega, Rey de Reyes de la Piqueria, expresó que la recaída de salud de Andrés Beleño es un golpe fuerte para el folclor.

“Todos esperamos su pronto regreso a la composición, el canto y la piqueria. Un gran homenaje para el maestro Andrés Beleño fue cuando este año la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le dedicó el concurso de la piqueria. Que buen gesto”.

Finalmente, para unirse al clamor solidario de todos los amantes del folclor vallenato, regaló el siguiente verso:

Beleño tiene un legado
con el cual perdura siempre
en el folclor lo añoramos
y ojalá pronto regrese.

Andrés Beleño expresa con sus ojos las ganas que tiene de superar esta etapa que lo tiene separado de los escenarios donde se presentaba con su peculiar baile, con sus camisas floreadas, soltando versos e interpretando canciones con esa jocosidad natural, como el éxito grabado por Jorge Oñate y Álvaro López, ese mismo que nació en su hogar cuando veía que su hija María Angélica se la pasaba ‘Meneando la batea’.

Mamá, ay mamá, ¿Usted sabe dónde está María?
Venga pa’ que la vea. Tiene la fiesta prendía
meneando la batea, meneando la batea…

Sentado en la sala de su casa, y acompañado de sus familiares permanece Andrés Emilio Beleño Paba, intentando aplacar el sonido turbio de la tristeza para que regrese pronto el hombre alegre que toda la vida se la ha pasado partiéndole el espinazo al folclor vallenato, para que le regale pedazos de versos y de cantos que en un abrir y cerrar de ojos envuelve en jocosidades que tienen su propia impronta cuando amigos y seguidores hablan del “Estilo Abeleñado”…

JUANRINCON-PNG-200BLOG DEL AUTOR:   Juan Rincón Vanegas

Andrés Beleño, tiene el picante de la música costumbrista

Andrés Beleño es natural del municipio de Chiriguaná, Cesar; ha escrito varias canciones vallenatas las cuales han sido interpretadas por los artistas más representativos de la música de acordeón como Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta quien le grabó ‘La campana’.


Andrés Emilio Beleño Pava, nació en 1948 en la calle San Miguel del municipio de Chiriguaná, pero se creció en el corregimiento de El Playón. Cursó hasta cuarto de primaria, “cuando llegué al colegio tenía un gran problema y era que yo sabía leer, pero no sabía escribir ni acomodar los números, eso fue mi tropiezo y no seguí estudiando”, manifestó. Seguir leyendo «Andrés Beleño, tiene el picante de la música costumbrista»

‘La batea’, el éxito que nació en el hogar de Andrés Beleño

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Mamá, ay mamá
usted sabe dónde está María
usted sabe dónde está María
venga pa’ que la vea
venga pa’ que la vea
tiene la fiesta prendía
meneando la batea (BIS)

La picardía natural, propia de la idiosincrasia en la región Caribe, es la principal característica de Andrés Emilio Beleño Paba, creador de unas 200 canciones grabadas por diferentes artistas de la música vallenata. Seguir leyendo «‘La batea’, el éxito que nació en el hogar de Andrés Beleño»