La historia de un rey que volvió a ser niño

Hace un año, Andrés Beleño, rey vitalicio de la piqueria, sufrió una isquemia que borró la información de gran parte de su cerebro, como las facultades para hablar y tejer su discurso y la prodigiosidad de su memoria, tan propias de su repentismo. Ahora, con terapias y el amor de los suyos, avanza en el proceso de reaprender y reescribir partes de su vida.

Siete décadas de versos y jovialidad, ingenio y gracejo, destreza rítmica y consolidación constante de su dignidad de rey se durmieron un día de abril en que su flujo sanguíneo extravió el camino y no llegó a su cerebro, morada de células que entonces fueron privadas de oxígeno y nutrientes esenciales para vivir, por lo que muchas murieron llevándose con ellas gran parte de las habilidades verbales, mentales y motrices del monarca. Un mal chiste para alguien como él, que se ha pasado la vida componiendo, cantando, bailando, viajando y ejerciendo el don sagrado de la palabra que le fue dado.

Un año antes, (abril de 2017) él – Andrés Emilio Beleño Paba – estaba en una tarima protagonizando una disputa de versos para ascender a la categoría de rey de reyes del Festival de la Leyenda Vallenata; aunque el puntaje no le alcanzó para llegar a la meta, sus improvisaciones cantadas ratificaron su esencia real y, sobre todo, refrendaron el sitial que solo él ocupa en ese certamen: rey vitalicio de la piqueria. Fue en abril, hace cuarenta años, que fue coronado como primer rey de la piqueria del Festival, que para ese año alcanzaba su versión número 12 y estrenaba este concurso.

Andrés Beleño, rey vitalicio de la piqueria, vive días de reposo, en el calor de su hogar, recibiendo el afecto de su esposa e hijos, reaprendiendo a habLar y reconstruyendo paso a paso su esencia artística, con los fragmentos de recuerdos que le va suministrando su memoria. Foto: Mariaruth Mosquera


La vida del rey cambió, ahora asiste a terapias con las que médicos y familiares intentan ayudarlo a reescribir esa parte de la memoria que le fue borrada, producto de la isquemia cerebral que en abril de 2018 lo llevó a los linderos de la muerte, afectando su sistema neurobiológico y en consecuencia dificultando sus procesos cognitivos, como el lenguaje.

Es como un niño que no logra aún el pleno desarrollo comunicativo-lingüístico, por lo que su interacción social es limitada; cuando van a visitarlo sus amigos, cada vez en un flujo más mermado, tienen dificultades para entender su discurso y es menester que Nelsy Mendoza, su eterna compañera y enfermera de cabecera, cumpla la función de traductora de su esposo. Entonces él dice a través de ella, que la mano derecha fue la afectada, pero tiene menos movimiento en la izquierda porque dicen los médicos que estos accidentes suelen ser ‘cruzados’: si tienen su origen en un lado, recibe la mayor afectación en el otro.

“A él le dio una isquemia y fue grande la parte del cerebro afectada, pero gracias a Dios, todos los médicos que lo ven se quedan sorprendidos de que él quedó con movimiento, porque normalmente las personas quedan paralizadas. Al comienzo tenía menos movilidad, pero sí iba al baño, se cepillaba los dientes y comía solo, despacio pero lo hacía”, cuenta Nelsy.

Terapia del lenguaje, en la que le refuerzan el ejercicio de tejer las palabras verbalmente y le muestran letras para que las identifique y pueda construirlas en la escritura; terapia física para darle fluidez a su parte motriz, para optimizar su movilidad; terapia ocupacional que tiene como meta traer al presente los recuerdos que duermen en el fondo de su memoria; “lo ponen la música de él, a recordar y a cantar y hacer cosas que le devuelvan la memoria”, explica su esposa.

Es aquí donde entra en escena el arte y su fuerza curativa, pues cuando familiares y amigos le tararean fragmentos de sus canciones, Beleño encuentra el resto en su memoria y las canta, con la mágica y maravillosa característica que estas las logra expresar claramente, incluso la música, su música, le infunde bríos a sus músculos y puede bailar un poco, al tiempo que canta: “Mamá… ¿usted sabe, donde esta María? venga pa que la vea tiene la fiesta prendía meneando la batea bailando con grosería y haciendo cositas feas Venga pa que la vea”.

La evocación de sus cantos, el ejercicio de su pasión artística, transforma a este compositor y le va trayendo uno tras otro fragmentos de sus canciones. Además de ‘La batea’, grabada por Jorge Oñate, entona ‘El gorrero’ que le grabó El Mono Zabaleta; ‘Que se vaya’, grabada por Churo Díaz; le arranca risas entonas una que hicieron éxito Poncho Zuleta y ‘El Cocha’ Molina, dedicada a una mujer que “quiere vivir como la campana: tan, tan, tan, tan, tan”, y hasta una canción grabada hace 30 años llega a participar de la convocatoria de recuerdos musicales.

Todas estas son manifestaciones de mejoría, dice su compañera, pues al comienzo fue muy difícil: “A él se le olvidaban más las cosas. A veces llegaba alguien y lo saludaba y conversaba bien con él, pero cuando se iba me preguntaba quién era”. Así es, la isquemia le borró cosas, prácticas, conocimientos, personas y muchas cotidianidades, pero mediante la voluntad, la fuerza, las terapias y un profundo afecto familiar, este rey está cumpliendo con éxito su proceso de reconstrucción de memoria.

“Yo tampoco me he quedado solamente con el tratamiento del médico y del especialistas sino que también le he dado medicina natural y una proteína que he sentido el avance bastante, gracias a Dios”, explica su compañera fiel y resalta que la mejor terapia es el cariño: “el amor; y esa sí que no le falta. Ninguna terapia funciona como esa: el cariño”.

Estos han sido tiempos sin poder cantar sus cantos ni bailar sus bailes. “Ya no tengo memoria, ya no recuerdo bien las cosas”, dice el rey; pero sí ha sido un año de reposo, de compartir en familia los momentos que la condición un tanto nómada de la vida artística le impidió por muchos años, de recibir la visita de los amigos y de sus hijos que siempre lo tienen encabezando la lista de sus prioridades. “Ya él hizo lo que hizo y lo importante es que lo tenemos aquí con nosotros dándole afecto. Yo estoy muy agradecida con Dios porque he visto su gloria”, expresa Nelsy.

UN LEGADO EN EL VERSO

En su casa reposan muchos de los más de cien trofeos que Andrés Beleño ha obtenido, gracias a su destreza en la creación espontanea de versos. De igual manera, hay diplomas, notas de estilo y reconocimientos que le han hecho en festivales y otros eventos folclóricos, para destacar que él es autoridad en la piqueria, tal como lo reconoció la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata al elevarlo a la distinción de rey vitalicio, que le da una connotación perpetua a su título de rey. La suya ha sido una escuela seguida por decenas de verseadores que se inventan bailes en tarima y hasta intentan imprimirle a su estilo repentista la picaresca que él impuso a lo largo de estas cuatro décadas de triunfos.

Pero no solamente es su arte para la creación de versos, sino el extenso legado de canciones, sobretodo de puyas, que año tras año reviven y ayudan a ganar a concursantes del Festival de la Leyenda Vallenata; puyas como ‘El contendor’, ‘El combate’, ‘Me peino con la lengua’, ‘Vaya pa’ atrás’, Los parecidos’, ‘Pico y espuela’, ‘Lo vi corriendo’ y ‘Soy maestro’, son interpretadas por acordeoneros que buscan la corona de reyes.

Y ni qué decir de su particular manera de vestir, al punto que se habla del ‘estilo abeleñado’, que no es otra cosa que el uso de camisas con estampados coloridos y poco comunes. “El tema permanente de la forma de vestir de Beleño hizo carrera; por ejemplo si a mí me veían llegar con esta camisa, me preguntaban ¿y donde compraste esa camina abeleñada? Yo creo que él en algún momento de su vida se dio cuenta que eso lo favorecía, que la gente estaba pendiente en los festivales y esperaban a ver cómo llegaba vestido”, dice el periodista Richard Leguízamo Peñate, jurado permanente de festivales del país.

Ha sido un estilo que su esposa intentó contrarrestar –sin éxitoalguna vez: “Yo como no era muy gustosa, le cambié las camisas, le iba sacando una de esas floriadas y se la reemplazaba por una seria; las recogí y las mandé para el pueblo de él (Chiriguaná); pero él se iba al centro y las compraba, una vez llegó con una que era una gallina con un poco de pollitos; y mi mamá también se las hacía”, narra la mujer que se dio por vencida en ese intento.

Pese a las limitaciones traídas por la convalecencia, a la tarea que hoy tiene de reaprender la vida, Andrés Beleño sigue siendo un hombre alegre y dicharachero, que superó el desconcierto y el insomnio de los primeros meses en este estado, cuando se levantaba a media noche y su esposa lo encontraba sentado en una mecedora de la sala, pensativo y confundido; que permanece alimentado de cariño y del arte que se abre paso en su memoria para hacerlo cantar, para infundirle de a poquito la fuerza a su cuerpo, para recordarle a sus músculos la conexión indisoluble que tienen como la música, para ejercer su baile, tan propio de él.

La última vez que se batió en duelo de versos fue un año antes del accidente cerebrovascular, cuando participó en la versión rey de reyes del Festival de la Leyenda Vallenata y ocupó el tercer puesto. No obstante, hubo viajes permanentes a homenajes o invitaciones especiales que llegan de todo el territorio nacional, donde él sigue siendo rey. “Él tiene la gracia que todo el mundo lo quiere. A mi papá (Carmencito Mendoza) que era músico también, no le gustaba andar con él porque decía: A Beleño hasta los pelaitos lo llaman y se queda hablando con ellos”, cuenta Nelsy.

Quienes lo conocen bien pronostican que él volverá a los escenarios, porque aunque algunas de sus funciones resultaron afectadas, su chispa y fuerza vital permanecen intactas, así como el arte que le hierve por dentro y en medio de las dificultades que hoy presenta su expresión verbal, lo obliga a cantar, a hacerlo bien, y no lo deja olvidarse de que él sigue siendo el rey de la piqueria.

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Hace dos años Andrés Beleño Paba recibió su segundo diploma de bachiller honoris causa, otorgado por el colegio Milciades Cantillo. Ya el Instituto Técnico Upar lo había graduado seis años antes.

BACHILLER HONORIS CAUSA

Andrés Emilio Beleño Paba nació en Chiriguaná, centro del Cesar, el 22 de septiembre de 1948, según su cédula, el 30 de noviembre, según sus cuentas. Fue el primogénito de Francisco Nicanor Beleño Rojas y Olga del Socorro Paba Acosta, quienes completaron con él una veintena de hijos. “Desde pelao me tocó trabajar, y bien duro”, contó hace menos de dos años cuando el colegio Milciades Cantillo le otorgó el diploma de bachiller honoris causa. Dijo entonces que en su natal Chiriguaná fue al colegio pero no alcanzó a graduarse. “Hice hasta tercero de bachillerato, porque siempre me echaban o suspendían del colegio, porque no arriscaba para el estudio. Lo mío era el trabajo, tal y como lo aprendí desde muy pequeño”. No lo logró entonces, pero ahora cuenta con dos diplomas, ya que también el Instituto Técnico Upar lo había graduado como bachiller académico honoris causa en 2001.

POR MARIARUTH MOSQUERA / EL PILÓN



El folclor vallenato anhela el regreso de Andrés Beleño

Crónica |Por  Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

El primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata, Andrés Emilio Beleño Paba, no habla. La voz parece tenerla escondida en su garganta. Mueve mucho la cabeza, y hace señas con sus manos. Cuando se le recuerdan sus canciones, hace un gran esfuerzo por cantar, pero se queda en el intento. Todo hace indicar que el alegre y dicharachero juglar estuviera de vacaciones, y hasta permite concluir de forma rápida que ‘El viejo Bele’ no es el mismo.

Una isquemia cerebral lo afectó hace casi dos meses, cuando aún se mantenía verseando a cada rato y tenía varias canciones haciendo cola. Nunca estaba quieto, y vivía pendiente de todo. La vida del verseador, cantante y compositor cambió del cielo a la tierra.

Cuando lo visitan sus amigos, Andrés intenta sonreír, pero se queda pensativo, como buscando en su memoria la razón de su vida y los episodios vividos en el folclor. Algunas veces se le nota triste, de un momento a otro abre y cierra los ojos, entonces hay un escape que se hace notorio en su rostro, y es cuando en el equipo de sonido irrumpe alguna de sus canciones. Enseguida se alegra, pone sus manos en la mesa y con golpes de caja va llevando el ritmo.

Por su cerebro se pasean esas canciones con ese picante costumbrista que han sido grandes éxitos en la voz de los mejores cantantes del vallenato. Entre ellas están: ‘La campana’, ‘La batea’, ‘El gorrero’, ‘La  mamá de uno’, ‘Convencida’, ‘Que se vaya’, ‘El flaco lleva’o’, ‘Me huele’ y ‘La hora loca’.

Andrés Emilio Beleño Paba, Bachiller Honoris Causa del Colegio Milciades Cantillo Costa de Valledupar
Andrés Emilio Beleño Paba, Bachiller Honoris Causa del Colegio Milciades Cantillo Costa de Valledupar

Recuerdos imborrables

Por todos los rincones de su casa, ubicada en la diagonal 19A número 20-63, en el barrio Los Caciques de Valledupar, hay recuerdos de sus hazañas folclóricas logradas en todo el país. Las mismas que lo han puesto en el más alto pedestal desde aquel mes de abril del año 1979, cuando se coronó como primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Su aporte al folclor vallenato ha sido enorme a través de sus canciones en aire de puya, entre ellas, las más reconocidas: ‘Los parecidos’, ‘Lo ví corriendo’, ‘Me peino con la lengua’, ‘Vaya pa’ trás’, ‘Soy maestro’, ‘Pico y espuela’, ‘El contendor’ y ‘El combate’.

Con algunas de estas canciones se han coronado como Reyes Vallenatos Navín López, Juan David ‘El Pollito’ Herrera, Cristian Camilo Peña, Ciro y Álvaro Meza, sin incluir los acordeoneros de otras categorías.

A este pedestal de honores se suma la alegría recibida el 12 de diciembre de 2017, cuando la institución educativa ‘Milciades Cantillo Costa’ le otorgó el título de Bachiller Honoris Causa.

En esa ocasión, Andrés Emilio indicó: “Ese título es algo que me enorgullece, porque he sido un campesino y un hombre original de los playones de mi tierra Chiriguaná. Este reconocimiento llega por todo lo que he hecho. No alcancé a graduarme, porque solamente hice hasta tercero de bachillerato. Siempre me echaban o suspendían del colegio, porque no arriscaba para el estudio. Lo mío era el trabajo, tal y como lo aprendí desde muy pequeño”.

‘Beleñito’, como se le conoce en el ámbito artístico, nació el martes 30 de noviembre de 1948; estudió en el colegio San Luis Gonzaga, de Chiriguaná, donde en las horas libres se la pasaba arriando agua, buscando leña y metiendo los terneros, las vacas y los caballos al corral.

El hijo de Francisco Nicanor Beleño Rojas y Olga del Socorro Paba Acosta, ahora camina poco, contrario a sus épocas de excelso andante. Su rutina se reduce a pensar de forma profunda y permanecer bajo el cuidado de su familia.

Su esposa, Nelsy del Carmen Mendoza, manifiesta que “Andrés está siendo sometido a terapias físicas y de lenguaje para lograr su pronta recuperación, cuya esperanza la tenemos puesta en Dios”. También agradeció las visitas y las voces solidarias venidas desde todas partes de Colombia.

Verso para Beleño

El amigo y contrincante en muchos festivales, José Félix Ariza Vega, Rey de Reyes de la Piqueria, expresó que la recaída de salud de Andrés Beleño es un golpe fuerte para el folclor.

“Todos esperamos su pronto regreso a la composición, el canto y la piqueria. Un gran homenaje para el maestro Andrés Beleño fue cuando este año la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le dedicó el concurso de la piqueria. Que buen gesto”.

Finalmente, para unirse al clamor solidario de todos los amantes del folclor vallenato, regaló el siguiente verso:

Beleño tiene un legado
con el cual perdura siempre
en el folclor lo añoramos
y ojalá pronto regrese.

Andrés Beleño expresa con sus ojos las ganas que tiene de superar esta etapa que lo tiene separado de los escenarios donde se presentaba con su peculiar baile, con sus camisas floreadas, soltando versos e interpretando canciones con esa jocosidad natural, como el éxito grabado por Jorge Oñate y Álvaro López, ese mismo que nació en su hogar cuando veía que su hija María Angélica se la pasaba ‘Meneando la batea’.

Mamá, ay mamá, ¿Usted sabe dónde está María?
Venga pa’ que la vea. Tiene la fiesta prendía
meneando la batea, meneando la batea…

Sentado en la sala de su casa, y acompañado de sus familiares permanece Andrés Emilio Beleño Paba, intentando aplacar el sonido turbio de la tristeza para que regrese pronto el hombre alegre que toda la vida se la ha pasado partiéndole el espinazo al folclor vallenato, para que le regale pedazos de versos y de cantos que en un abrir y cerrar de ojos envuelve en jocosidades que tienen su propia impronta cuando amigos y seguidores hablan del “Estilo Abeleñado”…

JUANRINCON-PNG-200BLOG DEL AUTOR:   Juan Rincón Vanegas

Andrés Beleño, un bachiller formado a punta de versos

 Crónica | Por Juan Rincón Vanegas |@juanrinconv

♦♦♦A sus 69 años, recién cumplidos, el verseador, cantante y compositor Andrés Emilio Beleño Paba obtuvo el título de ‘Bachiller Honoris Causa’ que le otorgó el colegio ‘Milciades Cantillo Costa’ de Valledupar.

La emoción por ese honor fue muy grande, y en esta ocasión su corazón lo asimiló como es debido, y no le mandó ninguna alerta. Enseguida, ese acto de graduación al lado de 190 bachilleres y 20 glorias del Folclor Vallenato, lo trasladó a su natal Chiriguaná, municipio ubicado en el centro del Cesar, para recordar una niñez que trascurrió entre los playones de esa región, y donde la vida no fue color de rosa.

“Desde pela’o me tocó trabajar, y bien duro. Mis padres, Francisco Nicanor Beleño Rojas y Olga del Socorro Paba Acosta, tuvieron 20 hijos, y este servidor, es el mayor. Mi padre era campesino, pescador, cultivador de plátano y otras labores afines, y mi mamá, ama de casa”.

La telaraña de la nostalgia lo arropó, pero se salió rápido para continuar diciendo: “No alcancé a graduarme. Hice hasta tercero de bachillerato, porque siempre me echaban o suspendían del colegio, porque no arriscaba para el estudio. Lo mío era el trabajo, tal y como lo aprendí desde muy pequeño”.

Entonces, señala que antes de ir al colegio, su padrino, quien fue como su padre, Librado Antonio Ditta Mejía, le enseñó a leer y escribir en su casa. “La cartilla ‘Alegría de leer’, era la chacha en ese entonces”, señala el nuevo bachiller de Colombia.

‘Beleñito’, el hombre que nació el martes 30 de noviembre de 1948, pero cuya cédula de ciudanía dice que fue antes, el 29 de septiembre, manifiesta que estudió en el colegio San Luis Gonzaga, de Chiriguaná, donde en las horas libres se la pasaba arriando agua, buscando leña y metiendo los terneros, las vacas y los caballos al corral.

“Tenía poco tiempo para jugar. Esa era mi mayor diversión”, indica cuando se acuerda de aquella época. También manifiesta que su abuela, Lola Paba, se lo llevó para Venezuela, donde estuvo como enrejador y chiquerero en una finca.

Andrés Emilio Beleño Paba - Foto Juan Rincón Vanegas
Andrés Emilio Beleño Paba – Foto Juan Rincón Vanegas

Primera canción

De un momento a otro su vida cambió, cuando comenzó a escuchar los cantos vallenatos de los viejos juglares, y especialmente en ritmo de tambora, salidos de esa región conocida como La Depresión Momposina.

“Luego de un tiempo largo en Venezuela, regresé a Chiriguaná y supe del Festival de la Leyenda Vallenata. Entonces, me vine para Valledupar a presentar la primera canción que compuse titulada ‘Orgullo triste’, siendo acompañado por el maestro Andrés Landero. Empecé con el pie derecho”.

Entonces, llama a su memoria esa obra que nunca ha grabado:

Me voy a reclinar en una montaña
en donde nadie sepa de mi vivir,
porque se encuentra en nada mi pobre alma
y en un lugar sólo quiero morir…

Se queda pensativo, y cuando el viento del recuerdo sopla con fuerza en su pensamiento, anota: “Esa canción fue un invento mío para venirme a vivir en Valledupar. Acá comencé a trabajar como recolector de algodón en diferentes fincas, y en el tiempo que no había nada que hacer me la pasaba cantando con distintas agrupaciones vallenatas, porque me gustaba esto. Ya mayor de edad, comencé a laborar en Cicolac, donde duré seis años aproximadamente, después entré a trabajar en Telecom”.

Enamorado del vallenato

Estando metido de lleno en la empresa de telecomunicaciones, lo llamó el amor, y en poco tiempo se casó con Nelsy del Carmen, hija del acordeonero Carmencito Mendoza.

“Ese amor también contribuyó para que me enamorara más del vallenato, y que tomara todo en serio hasta nuestros días. Ha sido la mejor fórmula para triunfar y dedicarme a lo que me gusta más que la comida”.

Enseguida, entra en su gloriosa etapa de compositor anotando que le han grabado canciones los más importantes cantantes vallenatos. Recientemente han sido éxitos: ‘La campana’, ‘La batea’, ‘El gorrero’, ‘La  mamá de uno’, ‘Que se vaya’, ‘El flaco lleva’o’ y ‘Me huele’, entre otras.

Suelta una gran carcajada al hacer un repaso por sus obras, pero también señala su aporte a los festivales vallenatos que se llevan a cabo en todo el país, e incluso, en el exterior, donde sus canciones en aire de puya son interpretadas por la mayoría de los acordeoneros.

Entonces, cita a ‘Los parecidos’, ‘Lo ví corriendo’, ‘Me peino con la lengua’, ‘Vaya pa’ trás’, ‘Soy maestro’, ‘Pico y espuela’, ‘El contendor’ y ‘El combate’, entre otras.

Para darle peso a su aseveración indica que “Navín López, Juan David ‘El Pollito’ Herrera, Cristian Camilo Peña, Ciro y Álvaro Meza, se han coronado Reyes Vallenatos interpretando mis puyas”.

Primer Rey de la Piqueria

Andrés Emilio Beleño Paba logró dejar su nombre inscrito en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata, al coronarse como primer Rey de la Piqueria en el año de 1979.

“Ese título, como el que ahora recibí de bachiller, es algo que me enorgullece a mí que he sido un campesino y un hombre original de los playones de mi tierra. Pienso que es como tocar el cielo con las manos”.

La emoción lo sacude. Le agradece a Dios, a sus padres: Francisco Nicanor y Olga del Socorro, de 90 y 85 años, respectivamente; a sus hermanos, a su esposa, a sus hijos, a sus familiares, a sus paisanos, y a los que le han tendido la mano en los momentos alegres y tristes.

A la par con el agradecimiento, recalca: “Estas son las cosas que me alientan a continuar en la brega musical. Me siguen dando ganas de versear, cantar y componerle a las cosas cotidianas, pero con mi costumbrismo característico. Gracias por otorgarme el título de bachiller, y les pagaré con un canto que es como un cheque en blanco, pero con mi firma musical”.

Verso de agradecimiento

Cuando la grabadora cumplió con su misión, y los abrazos de felicitación no cesaban para el nuevo “Señor Bachiller”, alguien le pidió que regalara un verso ‘Abeleñado’, de esos que tienen la esencia del folclor. Aceptó gustoso, y cantó:

Yo soy un hombre sencillo
digo en un verso cantado,
gracias Milciades Cantillo
por regalarme este grado…

Andrés Emilio Beleño - Foto Juan Rincón Vanegas
Andrés Emilio Beleño – Foto Juan Rincón Vanegas

BLOG DEL AUTOR:  Juan Rincón Vanegas

‘La batea’, el éxito que nació en el hogar de Andrés Beleño

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Mamá, ay mamá
usted sabe dónde está María
usted sabe dónde está María
venga pa’ que la vea
venga pa’ que la vea
tiene la fiesta prendía
meneando la batea (BIS)

La picardía natural, propia de la idiosincrasia en la región Caribe, es la principal característica de Andrés Emilio Beleño Paba, creador de unas 200 canciones grabadas por diferentes artistas de la música vallenata. Seguir leyendo «‘La batea’, el éxito que nació en el hogar de Andrés Beleño»

“Mi corazón debe comportarse y cogerla suave”: Andrés Beleño

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Andrés Beleño. Foto Juan Rincón Vanegas

Crónica|Por Juan Rincón Vanegas|@juanrinconv*

Hace dos meses, el hombre que tiene como mejores compañeros a los versos y cantos jocosos, sintió que le hicieron un llamado inusual, pero no a subirse a una tarima, sino que su corazón le mandó un pié forzao que no esperaba.
“Me dio un fuerte dolor en el pecho, y enseguida me tocó ir donde el médico, quien me recomendó un tratamiento a fondo, pero como el corazón se quedó quieto, pensé que era pasajero, y resulta que de un momento a otro se repitieron los dolores, no se tenía otra salida que acudir al médico y enseguida me dejaron en la clínica”. Seguir leyendo «“Mi corazón debe comportarse y cogerla suave”: Andrés Beleño»