ANDRES SALCEDO LA RADIO QUE HICE Y ESCUCHE

Por  Celso Domingo Guerra Gutiérrez

Andrés Salcedo González, extraordinario comunicador social, de los mas representativos de Colombia, nació para la radio, en la cuna de la radio en Colombia, Barranquilla en 1941.
Andrés, creció acariciado por las ventiscas provenientes de bocas de cenizas donde el mar y rio magdalena se unen, allí creció recorriendo las polvorientas calles de la arenosa, escuchando desde niño la radio que lo enamoro y le señalo el camino que lo llevaría al éxito por la ruta de los confines de la tierra, al desplegar su talento por ese mundo soñado, el cual se imaginó escuchando la radio de su niñez.

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PADRE PACHITO Y LOS ALTARES DE VALENCIA

Por  Celso Domingo Guerra Gutiérrez

Falleció a la edad de 96 años de Pamplona, España, – de donde era oriundo- Francisco de Mendizábal, ‘el padre Pachito’, personaje inmortalizado en el fascinante mundo del folclor vallenato por el maestro Calixto Ochoa en un par de canciones: ‘Los altares de Valencia’ y ‘Perdóneme Padre’, producto de un hecho macondiano ocurrido en la población Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar.

Valencia de Jesús, fue fundada en 1590, esta localidad durante la época de la colonia era la población más importante de la región, era centro administrativo y autónomo de los españoles. Junto a los colonizadores llegaron a Valencia los curas, quienes en 1.700 y construyeron la iglesia para evangelizar a los nativos y manejar desde allí los bienes de la corona en esta comarca. Casi tres siglos después, 11 de diciembre de 1962, arriba a nuestro país procedente de Pamplona, España, el padre con espíritu corsario herencia de sus ancestros, Francisco de Mendizábal, conocido entre nosotros como ‘el padre Pachito’.

Llegó a Colombia por Cartagena, en una extenuante y larga travesía en barco de varios días, de allí se trasladó a Valledupar por una carretera destapada, había que subir por el escalofriante Altos de Minas, por carretera estrecha y en mal estado, en ese sitio hubo accidentes vehiculares con numerosos muertos. El clérigo, al llegar a Valledupar se topó con una pequeña población de escasos 20 mil habitantes, con calles destapadas, sin luz, precarios servicios públicos, su mayor atracción era 5 esquinas, sus distancias urbanas más lejanas era el hospital Rosario Pumarejo y la primera invasión que tuvo la ciudad ‘Las Tablitas’, conocido hoy como el barrio 1 de mayo.

La parroquia de ese lugar le fue asignada a ‘Pachito’, desde ese lugar, Mendizábal debía desplazarse a oficiar misas a Valencia de Jesús, también atendía a los feligreses de Aguas blancas, Mariangola, Caracolí y las Mercedes, en esas poblaciones las ceremonias eran al aire libre a excepción de Valencia. A este poblado, lo único que le quedó de su época dorada pasada fueron la Iglesia y sus altares, tabernáculos diseñados en fina madera policromada, con figuras religiosas que les dieron un gran valor espiritual y material. Esos ornamentos llamaron poderosamente la atención del padre ‘Pachito’.

El comunicador Emilio Arias Acosta, nativo de la población y testigo de los hechos relató que los sucesos ocurrieron en una taciturna noche del mes de marzo de 1967, cuando la señora, Margarita Ávila, devota de Jesús de Nazaret, escuchó en el silencio de la medianoche, sonidos extraños para el sosiego de la población que gozaba de mucha tranquilidad y muy poco tránsito vehicular.

Al asomarse Margarita por su ventana muy vecina a la iglesia, observó con extrañeza que varias personas subían los sagrados altares de su población a 2 camiones.  Ella, asustada y con el credo en la boca, como pudo se deslizó sigilosamente pegada a las paredes de las viviendas que la separaban de la iglesia, su propósito era alertar a la población con el sonar las campanas, las cuerdas del campanario, que ayer como hoy, están hacia la calle para avisar cualquier imprevisto y este sí que lo era.

Ella logró su propósito, sonó las campanas guindada de las cuerdas, su figura parecía una cometa sin rabo, daba tumbo por doquier, toda la población se levantó azarosa. Salieron a la calle y se dieron cuenta de lo que ocurría, los camiones estaban cargados con los altares. Hubo insultos, ultrajes, agravios contra el padre Pachito y sus acompañantes, hasta intenciones de linchamiento, así que les pincharon las llantas a los camiones y les descargaron los altares.

El padre Pachito al ver al pueblo enardecido, no le tocó más que salir corriendo y esconderse, días después dijo que su intención era mandar a reparar los altares a la ciudad de Maracaibo, pero el pueblo jamás le creyó. Calixto, quien residía en Sincelejo, supo de este hecho y de inmediato puso a funcionar su picaresca y compuso la canción, ‘Los Altares’ canción que se constituyó en un éxito nacional inmediatamente. Los alumnos del colegio Loperena del padre ‘Pachito’, cuando éste llegaba al aula, lo recibían con esa canción. Lógicamente, este canto no fue de muy buen recibo por la curia vallenata, ante todo disgustó supremamente al obispo Vicente Roy y Villalba, quien, al enterarse del origen del autor de la canción y su creencia religiosa, le advirtió que, si no se retractaba lo dicho en la canción ‘Los altares’, sería excomulgado de la religión católica y sería mandado a los ríos de azufre del infierno. Calixto, como buen creyente, se asustó y se excusó en la canción ‘Perdóneme Padre’.

Celso Domingo Guerra Gutiérrez

SOY VALLENATO DE MUY PURA CEPA

Por Celso Domingo Guerra Gutierrez

El Dr Alonso Fernández Oñate, era abogado, compositor oriundo de San Diego de las Flores, ligado también a la política donde ocupó altos cargos.

Primo de Jorge Oñate, fue el quien gestionó ante la casa disquera,»Vergara», de Bogotá, la primera grabación de Jorge Oñate con el acordeon de Emilio Oviedo, oriundo de la población de Costillas en el sur del Cesar.

Ellos grabaron para 1967, el álbum «Festival Vallenato» en alusión al evento que iniciaría en 1968.

El Conjunto se llamó Guatapuri grabaron 12 canciones, todas de Fernández Oñate.

Jorge con el acordeon de Oviedo cantó 8, las otras 4 las cantó Oviedo, de este álbum se desprendió el éxito Campesina vallenata.

En 1972, Alonso como director de la oficina de turismo del Cesar, organizó el 5 festival vallenato que ganó el acordeonero de La Paz, Miguel Lopez, El canto y la guacharaca de Jorge Oñate, fue la primera vez que el festival lo organizaron fuera de su entorno natural de la plaza Alfonso López, fue llevado al estadio municipal.

Alonso Fernanez Oñate en 1976 fue ganador del concurso de canción inédita con el canto, » Soy Vallenato» , segundo fue Sergio Moya con Puya «La Fiesta de los Pájaros», y 3er puesto de Diomedes Diaz con la » El hijo agradecido «.

Cierto Irina Fernandez Angarita.

En los años setenta Emilio Oviedo acompañado el caja por Simon Herrera, papá del Pollito Herrera, en la guacharaca Virgilio Barrera grabaron un álbum en la disquera tropical de Barranquilla, allí le grabaron al maestro Alonso Fernández Oñate la canción, «Gracias por la hamaca Grande», en directa alusión la canción de Adolfo Pacheco » La Hamaca Grande» el canto de Pacheco causó en el momento una fuerte controversia, unos decían que fue un agravio para el pueblo vallenato, otros como Alonso , dijo en la canción que le grabo Oviedo que la canción de Pacheco era un elogio para tierra vallenata.

LUCERO ESPIRITUAL, UN CANTO A EMILITA

Por Celso Guerra Gutiérrez

Juan Manuel Polo Cervantes, Auténtico, trashumante, Juglar intrépido, Bohemio consumado, taciturno, original, melancólico y alegre músico nacido en Candelaria (Magdalena), el 18 de septiembre de 1918 y fallecido el 22 de Junio de 1978, en Fundación (Magdalena).

Creador de innumerables canciones que han traspasado las fronteras de los pueblos y generaciones, entre los que sobresalen: ‘Alicia Adorada’, ‘Vení, vení’, ‘El Provincianito’, ‘Sihosio’ ‘Niña Mane’. Pero canto más importante, que ha traspasado barreras del tiempo, edad y versionada en muchos países, ‘Lucero Espiritual’.

Este canto, por su temática filosófica, ha sido sometida a través del tiempo a los más exhaustivos, candentes debates y análisis de expertos que no han dilucidado quien fue la musa inspiradora de éste canto, han especulado que al sol, a dios, o cualquier otra deidad o extraterrestre.

Los expertos más profundos y analíticos del folclor, quedaron boquiabiertos y anonadados, cuando la señora Emilia Rosa Ferreira Núñez “Emilita”, de 72 años edad, residente en la carrera 19 No 35 -14 del barrio ‘San Martín’ de Valledupar, oriunda de El Difícil (Magdalena), dice que ella es la musa inspiradora de Lucero Espiritual.

Relata Emilia Rosa, que hace 57 años en 1960, de 15 años de edad , ella andaba en busca de oportunidades de trabajo, se vino para la región del Cesar y se ubicó en una fonda de comidas y bebidas alcohólicas de la población de Caracolí, a la entrada del corregimiento de Los Venados, población próspera en agricultura, ganadería y animales menores. Había un fuerte flujo de personas que hacían estación en ese lugar desembarcaban y se embarcaban desde y para diferentes latitudes del caribe, hasta allí llegó Juancho Polo Valencia, quien rondaba 43 años, con su camisa floreada, acordeón terciado, sombrero a medio lado, tapándose la falta de media oreja que le arrancaron de un mordisco en una trifulca en su pueblo, un fulano que le quiso robar el acordeón y salió más malogrado que él.

Apenas Juancho vio a Emilia, comenzó el coqueteo, inicio a indagarle por su familia y demás protocolos que la ocasión amerita, ella se mostró reacia ante las pretensiones del juglar conquistador por su estado de beodez, diferencia de edad, lo mal trajeado y falta de algunos días de baño. Emilia se escondía, lo evadía, él la buscaba con el argumento que le sirviera alimentos, indagaba y no la encontraba.

Fueron dos días de parranda con ron caña, comida y conquista infructuosa. Nació la inspiración como arma disuasiva y comenzó cantar:

Lucero espiritual
eres más alto que el hombre,
yo no sé dónde se esconde
en este mundo historial.

Yo pensando en esa estrella
tiene figura de un globo,
yo te quiero a mi acomodo
En mi tierra y fuera de ella.

Estrella del universo, estrellita
dame razón de Emilita,
me le llevas estos versos
cuando la encuentres solita

Yo pensando en esa estrella
tiene figura de un globo,
yo siempre soy Juancho Polo
en mi tierra y fuera de ella

Al preguntarle a la agraciada musa porqué el Juglar le dijo que tenía figura de un globo, ella muy coqueta y muy maja dijo, «porque a los quince años yo tenía cuerpo de guitarra y mis caderas parecían un globo».

Algunos analistas no están muy convencidos de esta musa y siguen tirándoles piedras al sol, como lo dijo el propio juglar en una canción.

BLOG DEL AUTOR: Celso Guerra Gutiérrez

«DOMINGO», FÁBRICA DE ACORDEONES

Por: Celso Guerra Gutiérrez

Corria el año 1960, la población de Fundación, Mag, otrora centro de la próspera zona bananera, cuando esa actividad comercial comenzaba a declinar , de alli se trasladó hasta la población de Mariangola, orregimiento de Valledupar, atraído por su fuerte actividad agricola el Bulldozero. Domingo Rafael Vega Ramirez, llegó a trabajar a la region de Los Venados, tenia 19 años, pero con residencia en Mariangola, donde vivía con su mama.

Llegaba con fuertes ilusiones de hacer una vida próspera.

Ademas de ser diestro conductor de estas catapilas, era polifacético en otras actividades que le ayudaban a mejorar su estrecha economía; carpintero, radio técnico, fabricante empírico de artesanales amplificaciones de sonido , actividad que lo llevo hacer una fuerte amistad con la dinastica familia musical, oriunda de «la tierra del cachaquito», Los Granados, Ovidio, su padre Juan y su abuelo » Juancito».

Domingo entabló una extraordinaria amistad con Ovidio Granados, con el cual tomó clases de acordeón, Vega sintió fuerte encanto por este instrumento desde que tuvo contacto con el, jamás aprendió a ejecutarlo, a pesar de la paciencia y enseñanzas de su amigo y maestro.

La amistad con Granados se fortaleció, al averíarsele en acordeón, Ovidio le pide a su amigo que si podía ayúdarle a arreglarselos, este sin tener ningún tipo de experiencia en estos menesteres aceptó y se puso a la tarea.
Compro láminas de acero, las procesaba con candela, luego era pasaba por cal, sal, para luego ser cortada milimetricamente, con una tijera manual, después de ser limada se templaba y quedaba lista para que Ovidio siguiera tocando bonito.

Así ocurrió con los diapasones y todo el mantenimiento técnico que el acordeón de Ovidio requería.
Domingo fue inseparable amigo de Ovidio, amistad que aún prevalece, el estuvo cerca de Granados en 1968, en el primer festival vallenato al cuidado de sus acordeones.

La fama como técnico de acordeones de Domingo creció en la comarca y todos los acordeoneros acudieron a donde el para que sanara sus instrumentos.
Llegaron los hijos nueve en total, alguien le pidió un fuelle, lo hizo después de sugerencias de algunos acordeoneros como » Colacho», nace la idea de fabricar el instrumento completo.

Se traslada a Barranquilla donde reside, comienza el proceso de fabricación del acordeón, que tuvo mucha aceptación en el medio, el primer acordeón que fábrico se lo vendió al » Pangue» Maestre, luego » Cocha » Molina, Jorge Oñate» Colacho», Martin Carmona.
El delegado de la Honner; en Colombia al notar las bajas en las ventas de sus acordeones, lo visitó y averiguó el sistema de fabricación artesanal pero impecable de Vega, y resolvieron no vender más los aditamentos para los arreglos de estos aparatos, para que nuestro ingenioso gestor no les siguiera haciendo competencia.
Domingo resolvió fabricarlos en su casa y se quitó la dependencia de la Honner.

Hoy este emprendedor fabricante y gestor cultural de la música vallenata es el más prestigioso fabricante de acordeones en Colombia, después de la casa matriz de Alemania.
El profesor ,poeta y decimero Jose Atuesta Mindiola, le rinde honores a este extraordinario pero prácticamente anónimo y brillante genio de nuestra música en el festival «La tierra del Cachaquito» en Mariangola de este año, gesto que deberían tener la fundación del festival, la alcaldía de Valledupar y La Gobernación del Cesar.

La venta de sus acordeones que tienen un valor unitario de $ 3.600.000, esta plenamente garantizada por el ministerio de cultura y el masivo interés que hay por la gran cantidad de jóvenes y viejos que cada día se interesan más por cultivar nuestro folclór.

Texto escrito por el investigador cultural y periodista, Celso Guerra. En la Foto, Domingo Vega, Celso Guerra y el Silbador por la paz, Jorge Visbal. Tomada en Mariangola, 9 de noviembre de 2019