PADRE PACHITO Y LOS ALTARES DE VALENCIA

Por  Celso Domingo Guerra Gutiérrez

Falleció a la edad de 96 años de Pamplona, España, – de donde era oriundo- Francisco de Mendizábal, ‘el padre Pachito’, personaje inmortalizado en el fascinante mundo del folclor vallenato por el maestro Calixto Ochoa en un par de canciones: ‘Los altares de Valencia’ y ‘Perdóneme Padre’, producto de un hecho macondiano ocurrido en la población Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar.

Valencia de Jesús, fue fundada en 1590, esta localidad durante la época de la colonia era la población más importante de la región, era centro administrativo y autónomo de los españoles. Junto a los colonizadores llegaron a Valencia los curas, quienes en 1.700 y construyeron la iglesia para evangelizar a los nativos y manejar desde allí los bienes de la corona en esta comarca. Casi tres siglos después, 11 de diciembre de 1962, arriba a nuestro país procedente de Pamplona, España, el padre con espíritu corsario herencia de sus ancestros, Francisco de Mendizábal, conocido entre nosotros como ‘el padre Pachito’.

Llegó a Colombia por Cartagena, en una extenuante y larga travesía en barco de varios días, de allí se trasladó a Valledupar por una carretera destapada, había que subir por el escalofriante Altos de Minas, por carretera estrecha y en mal estado, en ese sitio hubo accidentes vehiculares con numerosos muertos. El clérigo, al llegar a Valledupar se topó con una pequeña población de escasos 20 mil habitantes, con calles destapadas, sin luz, precarios servicios públicos, su mayor atracción era 5 esquinas, sus distancias urbanas más lejanas era el hospital Rosario Pumarejo y la primera invasión que tuvo la ciudad ‘Las Tablitas’, conocido hoy como el barrio 1 de mayo.

La parroquia de ese lugar le fue asignada a ‘Pachito’, desde ese lugar, Mendizábal debía desplazarse a oficiar misas a Valencia de Jesús, también atendía a los feligreses de Aguas blancas, Mariangola, Caracolí y las Mercedes, en esas poblaciones las ceremonias eran al aire libre a excepción de Valencia. A este poblado, lo único que le quedó de su época dorada pasada fueron la Iglesia y sus altares, tabernáculos diseñados en fina madera policromada, con figuras religiosas que les dieron un gran valor espiritual y material. Esos ornamentos llamaron poderosamente la atención del padre ‘Pachito’.

El comunicador Emilio Arias Acosta, nativo de la población y testigo de los hechos relató que los sucesos ocurrieron en una taciturna noche del mes de marzo de 1967, cuando la señora, Margarita Ávila, devota de Jesús de Nazaret, escuchó en el silencio de la medianoche, sonidos extraños para el sosiego de la población que gozaba de mucha tranquilidad y muy poco tránsito vehicular.

Al asomarse Margarita por su ventana muy vecina a la iglesia, observó con extrañeza que varias personas subían los sagrados altares de su población a 2 camiones.  Ella, asustada y con el credo en la boca, como pudo se deslizó sigilosamente pegada a las paredes de las viviendas que la separaban de la iglesia, su propósito era alertar a la población con el sonar las campanas, las cuerdas del campanario, que ayer como hoy, están hacia la calle para avisar cualquier imprevisto y este sí que lo era.

Ella logró su propósito, sonó las campanas guindada de las cuerdas, su figura parecía una cometa sin rabo, daba tumbo por doquier, toda la población se levantó azarosa. Salieron a la calle y se dieron cuenta de lo que ocurría, los camiones estaban cargados con los altares. Hubo insultos, ultrajes, agravios contra el padre Pachito y sus acompañantes, hasta intenciones de linchamiento, así que les pincharon las llantas a los camiones y les descargaron los altares.

El padre Pachito al ver al pueblo enardecido, no le tocó más que salir corriendo y esconderse, días después dijo que su intención era mandar a reparar los altares a la ciudad de Maracaibo, pero el pueblo jamás le creyó. Calixto, quien residía en Sincelejo, supo de este hecho y de inmediato puso a funcionar su picaresca y compuso la canción, ‘Los Altares’ canción que se constituyó en un éxito nacional inmediatamente. Los alumnos del colegio Loperena del padre ‘Pachito’, cuando éste llegaba al aula, lo recibían con esa canción. Lógicamente, este canto no fue de muy buen recibo por la curia vallenata, ante todo disgustó supremamente al obispo Vicente Roy y Villalba, quien, al enterarse del origen del autor de la canción y su creencia religiosa, le advirtió que, si no se retractaba lo dicho en la canción ‘Los altares’, sería excomulgado de la religión católica y sería mandado a los ríos de azufre del infierno. Calixto, como buen creyente, se asustó y se excusó en la canción ‘Perdóneme Padre’.

Celso Domingo Guerra Gutiérrez

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