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¿El festival de San Jacinto perdió su rumbo?

Alfonso-Ramon-HamburgerPor Alfonso Hamburger

Leí algunos comentarios muy tímidos y respetuosos del excelente músico Eduardo Lora Lentino, quien en buena hora, ha asumido la parte cultural de su propuesta musical como su proyecto de vida, en su plena madurez personal. Eso lo celebro. “Eduar”, como le decimos sus amigos, se queja de que ganó el género lirico en el festival de San Jacinto, para él influenciado por los vallenatos.

Creo que tiene y no tiene la razón. Porque lo lirico tiene varias interpretaciones. Para el maestro Pacho Rada, lira era su acordeón incansable. La Lira, de donde viene el lirismo, palabra griega, es un instrumento musical de cuerda. ( Es un instrumento de cuerda punteada antiguo, con forma de ábaco, cuyo origen los griegos …, según Wikipedia)
Y las estrofas liricas, según esta interpretación, son composiciones de cinco versos, en italiano y español.

En literatura son tres los géneros, épico, lirico y narrativo descriptivo.
Y el género lírico es un género literario en el que el autor transmite sentimientos, emociones o sensaciones…

Lira también es el dinero en Turquía y norte de Estambul.

Hecha esa aclaración, podríamos decir que “Candelaria” un porro del maestro Toño Fernández, es lirico, incluso, maneja el dolor (emoción) como elemento fecundo. Él tenía su Candelaria y se le fue y lo dejó llorando. Pero tiene la resignación de que cuando ella vuelva, esté vivo todavía. Y si está vivo, tiene la esperanza de re conquistarla. ( La muerte de Eduardo Lora, es del genero épico). “La Hamaca grande” es descriptiva. Y “Gallo Bueno”, es narrativo.

La música es universal, no tiene temas vedados.

Ahora, en la estructura musical, la rítmica, la armonía y la melodía, son cosa distintas. Allí si tiene razón Eduardo. La gaita no es para letras muy largas, que más bien parecen himnos, pue limita su gracia. La canción que presentó Eduardo, en la parte estructural, de pocos versos en las estrofas, con una introducción ingeniosa y un estribillo pegajoso (propio del palmoteo negroide), tuvo su atractivo. Siendo la primera estrofa mejor que la segunda, donde se ve que hubo versos no pulidos, que tienden al decaimiento. Pero creo que si la hubiese cantado una voz con más acento folclórico, hubiese sido mejor. Ya estamos acostumbrados más a su voz en torno del acordeón que a la gaita. Y la gaita es el género más difícil, todas las voces no se acomodan a ello. Ni siquiera a los saludos. Para los saludos en la gaita y el porro en bandas, hay un especialista, el señor Leobaldo Naranjo, a quien contratan exclusivamente para los saludos. Creo que falto más trabajo, pese a su estribillo pegajoso.( Que suene mi cumbia)

Ahora, lo que plantea Lora Lentino (A todos nos duele perder), es cierto. Tanto los festivales de San Jacinto y Ovejas quedaron al garete. El jurado solo tiene algunos paremetros sueltos, como la letra, la interpretación (que toma de todo), el vestimento, la melodía, el ritmo. El jurado es subjetivo en todo concurso. El gusto personal prima.
En Ovejas llegan canciones muy largas, esteras, muy afectadas por la penetración del vallenato de ahora, que nos sigue influenciando, porque es lo que se oye, pero eso no se puede confundir con lirismo.

También en la forma de cantar, con mucho coro, da la sensación de himnos colegiales.
En Ovejas , en medio de la crisis, surgió un Catalina Parra, quien se alzó el primer lugar con una canción simple, pero mágica. Se sobó por debajo de la puerta, como si fuese un ratón. Versos cortos y canto jondo. Más gaita que canto. Eso tenía la canción de Eduardo, pero la temática era muy repetitiva en la tematica. Yo la califiqué bien.

Pero resulta que ser policía en su propio pueblo resulta fatal. Termina uno metiendo preso a sus amigos. Y por eso lo mejor fue no seguir como jurado. Había amigos entrañables como Miguel Manrique y La señora Anillo de la Variante, quienes tienen unos cantos tradicionales que parecen repetirse. Y otros amigos más. Había canciones que se ve que fueron hechas con pedazos de canciones viejas, a las que les metían versos relacionados con los homenajeados y se notaba que eran improvisadas. Hubo canciones buenas mal interpretadas. Otras, que vinieron de Soplaviento, Cartagena y otras ciudades que tenían mucha fuerza interpretativa. La canción que quedó de tercera ( Ojos de luna menguante), venida de Santander, no tiene nada que envidiarle a mañanitas de invierno. Y la gaita también puede ser lírica. La gaita también es romance y belleza del atardecer. Hay que cambiar la temática, mas no la base rítmica.

Una de las canciones más liricas fue la de Miguel Manrique, dedicada a los abuelos, al taburete y al café chiquito. Maneja emociones del pasado. Pero ni el propio Miguel se la aprendió, tenía que leerla. Cada estrofa tenía 11 versos. Creo que esto debe ser penalizado. Ponerlo en los reglamentos. Las gaitas muy largas pierden peso melódico. Manrro se ha repetido muchas veces. Esta canción es igual a Triste Plenilunio. Yo lo regañé y nos emborrachamos, pero Bleydys no me habla.

Un triunfo en un festival ayuda a encender los fogones y todos queremos ganar.

La canción de Adrián Villamizar- la ganadora- no es vallenata. Está embazada en el aire de cumbia y tiene unos estribillos que ya eran coreados por el pueblo. Además se ve que fue una canción trabajada, con inteligencia e investigación, con un tema muy actual, la reparación y justicia. La Verdad. Sin verdad no hay reparación. Es una canción con un sentido profundo de lo social y lo política, rebelde.

Nuestros compositores le deben un saldo a este tipo de canciones, que ponen el dedo en la llaga, que cuestionan, que ponen a pensar. Ya basta tanto canto al ron, al gamonal, al taburete, a la misma gaita. Todos sabemos que la cumbia es nuestra, que le sigue dando vueltas al mundo y no tenemos que repetirlo en otra canción. Tenemos que explorar nuevos temas. Nadie en San Jacinto le canta a la falta de agua, al desempleo, al maltrato a la mujer. Le temen a eso.

Adolfo Pacheco, en su obra consolidada, solo tiene cuatro temas de corte social: “el Mochuelo”, “Cuando lo negro sea bello”, “canto mi machete” y otra más.

Hay dos formas de componer. Por inspiración y por trabajo. Si no hay disciplina, no vale la inspiración.

Me gustaría abrir este debate y ojalá que se haga muy respetuosamente, para bien del festival y de todos.

Si tomamos más en serio el oficio y hacemos una clínica de composiciones, donde se revisen todos los aportes, mejoramos ´para el próximo festival. Sin duda, fue un festival de Alto Nivel, las canciones semifinalistas, eran muy parejas todas.Poncho Hamburguer.

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