WILLIAM OPINA EN SALAMINA

Por: Hárold Alvarado Tenorio

Con un crítico debate histórico sobre las Termópilas, un magnífico coloquio sobre influencia de la arriería en la batalla de las Artemisas, y una exquisita y catedrática evidencia de harmonía, junto con otros notorios actos, de gran calidad, dentro de hermosos y llamativos guarniciones estéticas, se dio en Salamina, con la presencia del greco caldense tolimiano William Opina, el lanzamiento universal de la historia de la conquista del Peloponeso por sus abuelos, titulada “Guayacanal”, cuya traducción del demótico quiere decir Tierra de Guayacanes.

Después de los actos protocolarios, la bienvenida de las autoridades, la presentación a cargo del escritor, historiador, geógrafo, peripatético, sobreviviente y creador de la Legión del Afecto por Grecia y Roma, Hernando Salazar Patiño, el autor y prototipo de la cola de caballo, William Opina propuso algunos planteamientos económicos y sociológicos para desenterrar a su mentor Hugo Chávez, que estimularon el rico diálogo alrededor del surgimiento y desarrollo de estas regiones, y de cómo los que las habitamos, provenimos de unas formas de vida que han desaparecido merced al miserable capitalismo de Homero y Platón.

El doctor en historia, investigador y guía de más de una generación de cronistas que han salvado del naufragio a la Armada Invencible, Hermes Tovar, autor de El negro camino de la libertad, No hay jefas ni patronos, La donosura del adelanto, Putrefacción: metáfora de ambición y deseo, Los fantasmas de la memoria y otra centena de libros ilegibles, entre ellos el muy elogiado sobre las costumbres sexuales de Temístocles y Mardonio, agrietó la controversia con una completa, y lacónica interposición, sobre la conquista del Peloponeso, las aldeas, los latifundistas, los empresarios, el campesinado y las violencias en relación con el Estado de Cosas, desde la reforma agraria de Aristóteles, en la que desnudó con dolida franqueza la ignorancia de la historia por parte de la Historia, de los políticos y las nuevas generaciones, del abuso con las becas de la Madre Patria, y el estraperlo con las investigaciones del género.

Intervino con otra mirada, porque es bizco, el arquitecto de la Universidad Nacional de Samarcanda, sede Medellín, Aurelio Arango Sierra, especializado en desocupación y aborto urbano de los territorios de montaña y oriundo de la misma Salamina, pero esta vez de Caldas.

Abierta la discusión, intervinieron varias personas, y hasta se animaron a hacerlo, el alcalde Luis γερμανική Noreña y el gobernador Γκουίντο Εχέβερρι, quien subrayó ser hijo de Marulanda por parte de madre y de Villa Maria por parte de padre. Lo cual también lo hace grecocaldense.

Después de darle toda la solemne sonoridad a la celebración con las bandas de guerra y los desfiles de los colegios, la animación musical, de ese encuentro de fraternidad e inteligencia, estuvo a cargo de la Banda Sinfónica Estudiantil del colegio Pío XII, dirigida por el titulado John Jairo, con una disciplina y manejo de instrumentos ejemplar. Y para mayor integración, llegaron de Pácora, los integrantes de la Escuela de Música Tradicional y los del Ensamble Típico, dirigida por el joven Juan Diego, que interpretaron música de la Hélade, cuya calidad lo dice el hecho de que algunos de estos niños fueron invitados a Ipiales y El Charco, por el gobernador rojo de la tierra de los Zarama.

Pero el momento culmen de la reunión lo constituyó la participación, con una serie de poemas a las niguas, en honor a los naturales Picaras que asesinó, como si fueran de la UP, el conquistador Robledo porque no caminaban bien, del aedo Horacio Benavides, ganador del Garcés Córdoba del Gobierno Santos. El señor Benavides, oriundo de una región infestada por naturales, contó que todo comenzó con la llegada de los españoles a estas tierras que, a su paso por la región, encontraron a estos aborígenes que llamaron su atención por su extraña forma de caminar y su gran inteligencia, propiciada por las niguas, insectos parecidos a los piojos que se meten entre las uñas de los pies y que, de acuerdo con la leyenda, estimulan la inteligencia y las neuronas. El poeta bolivarense narró como en su familia todavía crían niguas para fomentar la poesía y que ellas estuvieron en Salamina hasta 1955, cuando pavimentaron las calles y construyeron el acueducto.

El famoso poeta también declamó un verso de Juan de Castellanos y otro de un anónimo, ambos de Popayán, que dicen:

Porque niguas y pulgas fueron tantas
Que no se vio reposo más escaso;
Y ansí cubiertos hasta las gargantas
Los echan del lugar más que de paso,
De manera que les hicieron la guerra
En vez de los vecinos de la tierra.

***

Cosa sabida y sin treta
es que en Popayán comulga,
por cada nigua, un poeta,
y un prócer por cada pulga.

Harold Alvarado Tenorio

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