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CUATRO POEMAS A LOS ARBOLES, POR JOSÉ ATUESTA MINDIOLA

José Atuesta Mindiola

NO TE CREAS EL DIOS DEL ÁRBOL

No te creas el dueño del árbol.
Tú lo sembraste en una lejana primavera,
pero la vida de él, no te pertenece.
No puedes apropiarte de su sombra.
No es sólo tuyo el aire que brota de sus hojas.

Si la ira enfada tus manos,
no arrecies el filo del metal
en el borde de la savia.
No derrames tu venganza
sobre las aguas
que beben sus raíces.

El árbol no sólo a ti pertenece,
pertenece al pájaro
y a la íntima aventura de su vuelo;
al viento que eleva a las nubes
el polen de la lluvia;
al sol que deletrea
los colores de las hojas.

No te creas el dios del árbol.
Déjalo que viva
hasta que el tiempo
haga piedra sus raíces.

♦♦♦

MONÓLOGO DE UN ÁRBOL CITADINO

Caligrama de fiesta son mis flores.
Soy silabario para los pinceles de la luz.
Para el mendigo, el sombrero de su alcoba.
Para el pájaro, el atril de su escritura.
Para el perro, la pared de su llovizna.

Para los alarifes del cemento
soy un estorbo, un extraño
en lugar equivocado,
sus amenazas de muerte me persiguen.

Pero soy más que un verde monumento
en la agitada ceremonia de las calles.
Soy testigo: de la noche
que avanza con el miedo,
de transeúntes perdidos en su sombra
y de mis floridos reclamos
que ululan la presencia de otros árboles.

Nadie quiere estar solo,
la soledad es carbón
que deja el relámpago.

♦♦♦

ELEGÍA AL MANGO DEL PATIO

El árbol de mango del patio
sangra blanco sus heridas
como mostrando la ruta
que el dolor todavía
no ha recorrido.

Me alejo del patio
y me llevo de sus hojas
los amaneceres
con aromas de guitarras.
Me llevo el verde pendular
de la mecedora
donde descansaba
un hombre parecido a mí.

El árbol ya sospecha
que pronto
no habrá luz en su follaje,
su epitafio vendrá
en la mirada esquiva
de otro dueño.

Sus frutos serán
invisibles racimos
en algún ojal de la memoria
y mi hamaca, fértil al cortejo vegetal,
seguirá atada a las ramas del viento.

♦♦♦

MONÓLOGO DE UN ÁRBOL KOGUI

Una golondrina regó la semilla
para que yo naciera.
Crecí lejos del humo y del ruido;
en un espejo de agua
mis hojas descubren su color.

Yo siento que soy tu hermano.
No se vive para uno solo.
Kanimpana, mi Padre, dijo
que yo era el guardián del aire.

Soy tan sensible como tú,
tu mirada, hermano Kogui,
es otra forma de lluvia
que nutre mis raíces.
Nada hay en tus intenciones
que sea ofensa
para Kanimpana, mi Padre.

jose_atuesta_250BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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