LA MÚSICA VALLENATA:Entre el pasatiempo y la profesión

Crónica

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Cierto día cuando el sol se ocultaba, hallábase Alejo, extendido a lo largo y ancho de su hamaca, cuando vino a su memoria el recuerdo de dos virtuosos ejecutantes del Acordeón, en su versión vallenata: Heliodoro Martínez, natural de Tierralta (Córdoba) y Orlando Díaz Daza oriundo de San Juán del Cesar (Guajira); el primero todo un profesional de la música y el segundo un aficionado de gran nivel. Ambos llegaron a Cali, por los años 80, con metas individuales y muy decididos a hacerlas realidad.

Para esa época, estaban en apogeo muchos ritmos bailables, cuyo término genérico era: Salsa. Existía en ese entonces, un ambiente hostil contra la música vallenata, pero Alejo que tenía un programa en la radio, propugnaba por dar a conocer los aires vallenatos, que ya tomaban fuerza en otros lugares de Colombia. Cierto día recibió
una llamada, a través de la cual le informaron de la presencia en la ciudad, de un conjunto, procedente de Montería, cuyo acordeonista se llamaba Heliodoro Martínez, y era apodado ‘el pollo sinuano’.

Alejo decidió contactarlo, con un propósito claro: Tener un conjunto que estuviese radicado en la sultana del Valle, para poder difundir en vivo esa música nacida en el caribe colombiano. Dicho y hecho: Alejo y Heliodoro se encontraron y, a partir de allí, conformaron una de las mejores agrupaciones que por allí hubieren pasado, a la cual denominaron: ‘Raza Tropical’. El repertorio básico estaría centrado en los temas que ya eran éxitos a nivel nacional, popularizados por los conjuntos de moda, tales como el Binomio de Oro, los Hermanos Zuleta, Hermanos López con Jorge Oñate, los Betos, etcétera, los cuales tenían ya su audiencia a nivel local.

Tratando de granjear simpatías entre el público caleño, se optó también por incluir piezas musicales ya tradicionales, en ritmo de cumbia, porro, gaita, charanga y paseítos, que lo pusiese a bailar. Para tal efecto, se le introdujo a la agrupación, nuevos instrumentos como bajo eléctrico, timbales y clarinete – saxofón. Lo cierto es que estas innovaciones, produjeron el efecto deseado, permitiendo de este modo, que llegase a muchos sectores de la población. Fue así como muy pronto, surgieron contratos para amenizar fiestas, bailes y parrandas, en clubes, discotecas y salones, tales como Salón Las Vallas, Club San Fernando, Hotel Petecuy, Hotel Intercontinental y con la Feria de Cali, sitios en los cuales el grupo alternó con grandes Orquestas extranjeras y de música tropical.

Fue tal el éxito alcanzado por Heliodoro con el grupo Raza Tropical, que Alejo optó por inscribirlo como concursante en el Festival vallenato, categoría profesional (versión 1.981), acompañado en el canto y la guacharaca, por el distinguido vocalista ya fallecido, Jesús Manuel Estrada. El conjunto estuvo entre los cinco finalistas, que subieron a la tarima en la Plaza Alfonso López. El ganador fue el Chiche Martínez.

Infortunadamente, como ha ocurrido con grandes artistas de este género musical, al acordeonista en mención, el vicio del alcohol lo apabulló, y el que pudo ser una gran revelación, hoy en día, anda de bar en bar o por las calles de Bogotá, con su ‘idiosincracia’ bebedora y poco profesional, cuando tuvo por delante un futuro muy grande por explotar. Este caso resultó un motivo que puso a Alejo a reflexionar, en torno al modo de proceder de muchos artistas que, habiendo probado las mieles del triunfo, están sumergidos en el ostracismo y la mendicidad.

La situación de Heliodoro produjo tristeza y pesar, porque fueron muchas las ocasiones que se le aconsejó, para que mirase hacia el futuro, su vida laboral y familiar, pero no quiso prestar atención. Y para rematar un día emigró sorpresivamente a Bogotá, dejando al grupo sin trabajo, pues fue capaz de vender su acordeón, para satisfacer su vicio, de un modo desenfrenado.

Tiempo después, Alejo tuvo la oportunidad de conocer a un joven profesional guajiro, llamado Orlando Díaz Daza, el cual había llegado a Cali, con el objeto de realizar una especialización en el Hospital Universitario del Valle, durante un lapso de tres años. Este Médico, natural de San Juan del Cesar (Guajira), luego de culminar estudio de Medicina en Cartagena, quiso especializarse en Cali y luego ir a la Universidad de Harvard (USA), pero llevaba en su alma un amor inconmensurable, por la música vallenata, que le producía nostalgia y ganas de regresar de nuevo a su terruño; más un hecho imprevisto le permitió cambiar de parecer.

Alejo y Orlando dieron comienzo a una gran amistad personal, la cual se consolidó cuando, por mutuo acuerdo, decidieron conformar un conjunto vallenato, con músicos de varios lugares del caribe (Guajira, Cesar, Atlántico y Bolívar), residentes en la capital de la salsa. Grata sorpresa fue para todos, el poder verificar, como este médico guajiro ya había grabado algunos discos de larga duración, ejecutando el acordeón con virtuosismo, como todo un profesional.

Con un estilo propio, muy peculiar, conservando el sabor de su tierra en la ejecución de los aires vallenatos, pronto fue conocido en los mejores sitios de Cali, donde dio inicio a múltiples contratos, para disfrutar de esas notas que este galeno sabía extraer de su fuelle, con mucha calidad. Muchos le propusieron que se dedicase de lleno a la música, por reunir las dotes para ello, más él tenía claro, que éste era un hobbie pasajero, pues su mayor anhelo era proseguir sus estudios a un más alto nivel.

Cuando Carlos Vives contrajo nupcias con la actriz Margarita Rosa D’ Francisco, el agasajo se desarrolló en las instalaciones del Club Colombia, el de la clase política y empresarial del Valle, y Orlando Díaz Daza y su Conjunto fue el escogido para amenizar el mismo, y Vives cantó con él. Hoy en día Orlando, sin dejar de tocar acordeón, reside en Houston (USA), donde se ha convertido en todo un señor científico y Subdirector del Hospital Metodista.

Cuán importante resulta, encontrar artistas que tengan un estilo de vida, cargados de valores, con pensamientos claros que les sirvan de guía durante su existencia en esta tierra.

BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

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