LA HEROÍNA LOPERENA Y LOS  206 AÑOS DE LA INDEPENDENCIA DE VALLEDUPAR

Por José Atuesta Mindiola

Decía el historiador Germán Arciniegas: “El soldado raso de las marchas oscuras y de las grandes victorias es un héroe cuyo recuerdo queda escrito en el humo de la pólvora. Los libros registran al general, al resto se lo lleva el viento”.  Algo similar ha pasado con los sucesos de Valle de Upar en la gesta de la independencia. Los libros oficiales de enseñanza de la historia de Colombia registran del Nuevo Reino de Granada, los hechos de las grandes ciudades, de los puertos marítimos y de centros importantes, entre ellos: El Socorro, quien en 1771 obtuvo el título de “Villa muy Noble y Leal” y era epicentro de artesanías, cultivos de algodón y tabaco. La Villa de Guaduas, muy cercana a Santafé y fue uno de los centros de experimentación de la Expedición Botánica. Pero los acontecimientos de provincias pequeñas y lejanas de la capital, como los de Valledupar no aparecen en las páginas de estos libros y han quedado como el soldado raso, en la humareda del olvido.

El libro ‘Historia de Colombia’ de la autoría de Jesús María Henao (1870-1944) y Gerardo Arrubla (1872-1946), fue el texto oficial de la enseñanza de la historia de Colombia, desde 1910 hasta 1980. Henao había nacido en Medellín, pero vivía en Bogotá, y Arrubla era bogotano; ambos eran miembros de la recién creada Academia de la Historia de Colombia y ocupaban altos cargos en el gobierno central. En ninguna página del texto, que tuvo más de 70 años de vigencia en las aulas de clases, aparece algún episodio de la independencia de Valle de Upar y menos el nombre de nuestra heroína María Concepción Loperena; pero si destaca los nombres de las heroínas, Manuela Beltrán en El Socorro y Policarpa Salavarrieta en Guadua.,

Por fortuna, el doctor Pedro Castro Trespalacios, uno de los precursores del estudio de la historia regional, en su libro ‘Aborígenes Cesarenses e Independencia de Valle de Upar’, rescata a la heroína vallenata y sus aportes a la causa independentista. El podio de su heroísmo es la redacción y lectura del acta de la independencia, el 4 de febrero de 1813: “Sea notorio a cuantos esta acta viere, que yo, doña María Concepción Loperena de Fernández De Castro, mujer libre de origen realista, pero hoy republicana, a nombre del Cabildo de Justicia y Regimiento de esta ciudad ilustre, proclama libre e independiente a esta ciudad de Valle de Upar del gobierno español y la someto a los auspicios del Supremo Presidente S.S. Jorge Tadeo Lozano. (…) En presencia de todos, exijo juramento de fidelidad y quemo con mis propias manos los retratos y armas de escudos de Su Majestad (…)”

Esta acta es, sin duda, uno de los documentos más importante para la historia y la identidad del ciudadano vallenato. Asimismo, Castro Trespalacios, en el libro mencionado, reúne algunos referentes que resaltan la trascendencia de La Loperena, entre ellos: la Ley 3 de 1883 de la Asamblea Legislativa del Estado Soberano del Magdalena, que en su artículo primero honra la memoria y reconoce los eminentes servicios que La Loperena rindió a la causa de la independencia americana y recomienda su memoria al pueblo del Magdalena, como el tipo más perfecto de virtud republicana, honradez y amor por la patria.

El historiador Arturo Quijano, ex presidente de la Academia Nacional de Historia, el 21 de abril de 1932, dijo: “En Colombia se han venido ignorando los méritos de Concepción Loperena de Fernández De Castro. Esos documentos sirven para enriquecer los anales patrios y para llevar a la historia de Colombia estos detalles importantísimos de la heroína, que por sus bellas cualidades debería estar figurando con Mercedes Abrego y Policarpa Salavarrieta y otras ilustres más”.

El Congreso de Colombia, mediante la Ley 43 de 1963, se asocia a la celebración del sesquicentenario (150 años) de la Independencia de Valledupar. Antes, a través de la Ley 95 de 1940, en homenaje a la heroína había creado el colegio Nacional Loperena.

Después de 1963, poco ha sido el interés patriótico de las autoridades y las instituciones educativas por celebrar estas efemérides. El Concejo Municipal de Valledupar aprobó el Acuerdo 002 el 14 de febrero de 2004, que reconoce esta fecha, y en sus cuatro primeros artículos determina: Institucionalizar el 4 de febrero como fecha histórica para el municipio de Valledupar. Izar la bandera del municipio en todos los establecimientos públicos, especialmente en los colegios. Ordenar a la Secretaría de Educación Municipal realizar la investigación y la compilación de todos los datos históricos de la ciudad de Valledupar y la zona corregimental. Incluir en los programas de historia en los colegios del Municipio, la enseñanza de la Cátedra de la Historia Regional Local.

La verdad, aún no se le ha dado cumplimiento cabal al Acuerdo. La Secretaría de Educación Municipal, la Oficina de Cultura de Valledupar  y los rectores deben liderar los eventos cívicos y académicos de esta fecha memorable, porque celebrar la libertad de un pueblo es honrar la dignidad y fortalecer el sentido de pertenencia.


LA INDEPENDENCIA DE VALLEDUPAR (Décimas)
      I

Aquel cuatro de febrero
de mil ochocientos trece,
Valledupar amanece
con temple firme de acero.
Se enciende en el pebetero
un clamor de efervescencia,
el pueblo toma conciencia
cansado de las cadenas,
la heroína Loperena
da el grito de independencia.

              II

En tal memorable fecha
el Cabildo firma el acta,
que la heroína redacta
contra el tirano que acecha.
Como rugidos de flechas
la libertad ya se siente,
La Loperena valiente
quema el escudo del Rey,
y proclama en esta grey
el sentir independiente.

                III

Fueron muchas las batallas
contra el imperio invasor,
el eco libertador
en la cumbre ve su talla.
Se derrumba cual muralla
el ejército español,
en crepúsculo arrebol
la derrota lo hace breve:
como corona de nieve
derretida bajo el sol.

*****

MONÓLOGO DE MARÍA CONCEPCIÓN LOPERENA (Poema)

(Valledupar, 4 de febrero de 1813, 11 de la noche).

Antes de que esta noche de júbilo
se hunda en las bóvedas del tiempo,
ven Francisquilla, mi fiel criada,
dejemos solos a los hombres ebrios
que hagan suyas
mis palabras de esta mañana.
Soy de insigne alcurnia,
tú más que nadie lo sabe.

De mi padre viene el abolengo
español que marca mi voz,
y de mi madre, una hidalga vallenata,
la figura de mujer que soy.

Cuando la sonrisa juvenil
del espejo es fragancia en mi piel,
un flamante capitán de la realeza
conquista mi corazón,
y pronto soy Doña María Concepción
Loperena de Fernández de Castro.
Nada material es vedado a mi alcance.
Muchas mujeres envidian mi buena suerte,
ingenuas ellas que se deslumbran
por la sutil fortuna.
Algo falta en la viña del Señor
para que maduren todos los frutos.
Mi alcoba fue regada por la ausencia
enlutada de olor a hombre,
por la abulia de ocres pesadillas.
Una bola de nieve anduvo dentro de mí,
goteando en lentitud, como si fuera
racimo de lágrimas de mis esclavos.

En una de esas largas noches
golpes de fragatas agitaron
el naufragio de mis sueños,
vi un ángel cabalgar sobre el lomo
blanco de un caballo y me reveló
la misión de abrazar el sol
para quemar las naves del imperio.

Ahora mis congojas son
vendaval de otro hemisferio.
Ya es hora de que te vayas a dormir,
quiero quedarme sola;
pero antes escucha a los hombres
que están todavía celebrando
y cantan con sus guitarras.

Francisquilla, mi Fiel criada,
guarda estas confesiones,
lo que se habla a veces
no es igual cuando se escribe.
Algún poeta encontrará
en la memoria del viento
la sonoridad de estos versos libertarios.


joseatuestaBLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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